lunes 22 de agosto de 2011

Y la vergüenza de ser un hombre...




Los derechos del hombre son axiomas: pueden coexistir con muchos más axiomas en el mercado –particularmente en lo que a la seguridad de la propiedad se refiere– que los ignoran o los dejan en suspenso mucho más aún de lo que los contradicen: "la mezcla impura o la vecindad", decía Nietzsche. ¿Quién puede mantener y gestionar la miseria, y la desterritorialización- reterritorialización del chabolismo, salvo unas policías y unos ejércitos poderosos que coexisten con las democracias? ¿Qué socialdemocracia no ha dado orden de disparar cuando la miseria sale de su territorio o gueto? Los derechos no salvan a los hombres, ni a una filosofía que se reterritorializa en el Estado democrático.
Y mucha ingenuidad, o mucha perfidia, precisa una filosofía de la comunicación que pretende restaurar la sociedad de los amigos o incluso de los sabios formando una opinión universal como "consenso" capaz de moralizar las naciones, los Estados y el mercado.
Nada dicen los derechos del hombre sobre los modos de existencia inmanentes del hombre provisto de derechos. Y la vergüenza de ser un hombre no sólo la experimentamos en las situaciones extremas descritas por Primo Levi, sino en condiciones insignificantes, ante la vileza y la vulgaridad e la existencia que acecha a las democracias, ante la propagación de estos modos de existencia y de pensamiento-para-el-mercado, ante los valores, los ideales y las opiniones de nuestra época. La ignominia de las posibilidades de vida que se nos ofrecen surge de dentro.
No nos sentimos ajenos a nuestra época, por el contrario contraemos continuamente con ella compromisos vergonzosos. Este sentimiento de vergüenza es uno de los temas más poderosos de la filosofía. No somos responsables de las víctimas, sino ante las víctimas. Y no queda más remedio que hacer el animal (gruñir, escarbar, reír sarcásticamente, convulsionarse) para liberarse de lo abyecto: el propio pensamiento está a veces más cerca de un animal moribundo que de un hombre vivo, incluso demócrata. (...) No carecemos de comunicación, por el contrario nos sobra, carecemos de creación. Carecemos de resistencia al presente.

Deleuze - Guattari - ¿Qué es la filosofía?