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Esa señorita que rima conmigo, que te ronda siempre alrededor, es tu favorita y puede contigo
y te gusta más que mi canción.

The raspberry Reich- La visión de Labruce es de las más poderosas de las que han emergido en años en el cine, en su apuesta artística se entrecruzan los elementos más prometedores de las culturas alternativas y todas son llevadas al límite de su sofisticación. En el caso de The raspberry Reich vemos el acento en la violencia sociopolítica ya no en su nivel general sino en la inmediatez de la vida cotidiana, por otro lado, es muestra ejemplar de la reducción al absurdo en que se ha transformado el arte contemporáneo, tanto el arte serio como el que no pretende serlo. Ejemplo de ello es el hecho de que Labruce juegue en ella con figuras de la cultura popular como Madonna, el ché Guevara, Marx, Patricia Hearst, etc., quizá con la finalidad de mezclar posturas y extremar las incoherencias a que dan lugar todas estas cosmovisiones unidas en esta artefactualidad (realidad virtualizada o virtualidad realizada) en que vivimos actualmente, cuando el mundo de la política y de la televisión se transforman en el mundo ordinario, la pantalla se vuelve la plaza pública y la violencia ajena se vuelve propia y viceversa, por su parte, Labruce pega todo con la viscosidad de una estética pornográfica, vulgar y demente, encauzando en un solo flujo la visión más pop y la más hard- core. The raspberry Reich de Bruce Labruce es el American Life que Madonna no supo hacer bien, plagado de propaganda que roza lo punk y una revolución política ya no abierta desde el comunismo o el socialismo sino de terrorismo estético que abre fisuras en el sistema.
Before night falls (Antes de que anochezca). Mi afición por Antes de que anochezca tiene más qué ver con mi admiración por la obra de Reinaldo Arenas que con cualquier otra cosa, si bien me parece una película bien hecha, también hay que decir que es bastante regular y en cierto sentido mediocre. Digo esto porque creo que toda su fuerza radica en la historia que plasma, aquella que le tocó vivir a Reinaldo Arenas, en lo frenético de su vida poética. No hay que dejar de lado que Bardem hace una buena interpretación del poeta cubano, sin embargo, creo que la película bien pudo haberse alimentado de la visión literaria que está a la base de la obra de Arenas y no supieron aprovechar esto, es como si la voz de arenas estuviera excluida de la película y sólo se hubieran concentrado en los hechos que definieron su vida. La doble actuación de Johnny Depp bien pudo resumirse a un papel más largo como travesti, que es el que mejor le quedó y el que más impacta, y así omitir su interpretación del militar castrista, aunque le reconozco que hizo bien su trabajo.
Querelle – De Querelle ya he dicho muchas cosas en otros escritos (Jean Genet: Querelle de Brest y el origen de la topografía queer en la cultura de masas), de la película habría que añadir que es una espléndida transcripción del lenguaje teatral que tanto caracteriza el trabajo de Fassbinders a una visión cinemátográfica de la obra de Genet. Creo que en ello recae también el acento cabaretero y casi burlesquero de Jeanne Moreau, tanto en su personaje (Lysiane), como en las canciones que interpreta.
Mulholland drive - Si hay algo que caracteriza al cine de David Lynch sin lugar a dudas, eso es el hecho de que toda su obra versa sobre el lado terrible y ominoso de las relaciones humanas vividas desde la penumbra de la conciencia y el delirio de los sentidos. Y el acento de Mulholland drive recae en ver el lado terrible del abandono de una pareja y las formas decadentes –notoriamente suicidas y apegadas a una pulsión tanatológica- en las que se asume esa pérdida. Todo la complejidad psicoanalítica que amarra la cinta y la confusión entre los personajes (Betty, Diane y Camila Rhodes) se justifica, a mi parecer, en la condición onírica del filme, es una pesadilla de Betty-Diane (Naomi Watts) al no poder enfrentar el duelo por el abandono que ha sufrido por parte de Camila (Laura Elena Harring). La maestría de Lynch se hace notar si tomamos en cuenta los conceptos del psicoanálisis freudiano según los representa en cada una de las escenas reveladoras en este confuso filme, donde casi podríamos poner pausa y decir: esa escena es una sublimación, esa una condensación, etc.
Paris is burning: Paris is burning es un filme excepcional, por principio es un documental más extraño que si fuera una auténtica ficción. El repertorio de entrevistas de gente trans, bi, gay, les, queer, etc., todos y todas apegad@s a los barrios más rudos del ghetto neoyorkino de finales de los 80´s -en plena paranoia del VIH como el mayor genocida en auge- abren una serie de historias y vivencias que sólo podrían darse en la ciudad más compleja en el globo: Nueva York; la ciudad en que convergen tanto la cultura de avanzada más elevada como las miserias más atroces del totalitarismo económico y cultural de este capitalismo consumista y bárbaro; y sí, consumista y bárbaro incluso en lo que a cultura respecta y eso es el meollo del asunto de este filme.
Como ejemplo está la conclusión, las palabras del chico quinceañero con pinta de chichifo, resumida en su: “so this is New York City, and this is what gay life is about!”, no refiere a lo gay como lo homosexual, sino a lo gay como la felicidad en el abismo, lo meramente homosexual no alcanza a comprender la totalidad de lo que la película pone en juego. Porque la parte elemental del filme es ver cómo este desfile (literalmente) de criaturas de lo más heterogéneo van trasgrediendo y destruyendo la heterosexualidad imperante desde la autoconstrucción personal por medio de una vivencia estética del mundo decadente de la cultura de consumo. Lo que pone bajo tela de juicio y mejor aún, devela el trasfondo absurdo de todo lo que el género imperante (heterosexualidad) ha implicado como imposición social en la cultura. Es como si fuera la primera versión del “Heterosexuality is the opiate of the masses” de Bruce Labruce.
Por otra parte, recordemos que Madonna le rinde tributo a la vida de estos personajes con su canción Vogue, en su video utiliza incluso muchos de los pasos que las/los chicas/os del filme muestran en las distintas competiciones de la pasarela arrabalera.
Además, no es gratuito que Judith Butler se haya servido de este filme para dar algunas de sus conclusiones más importantes en lo que a teoría de género se refiere. Y todo ello, porque una película como Paris is burning demuestra lo artificial y elaborado que es ser un hombre o una mujer, esto se ve con la aspiración que tienen muchas de estas figuras queer por alcanzar la apariencia de una heterosexualidad que nunca se ha de conseguir, y por ello también muestra el ridículo de querer que las cosas se adecuen a los cánones.
Lo más importante de la película es ver que este tipo de posturas y roles no tienen sentido si no están fundamentadas en una auténtica y afirmada diversión por posar el género, modear y moldear el género (voguing the gender), y en ese mismo sentido trascenderlo, transformarlo e incluso hacerlo arder y destruirlo (Cf. J. Butler, Gender is burning): posarlo como vivencia estética, una especie de dandysmo de disidencia sexual. Por ello, habría qué decir con Paris is burning, con Madonna y con una mano en la cadera y la otra a modo de un marco frente a la cara: “Strike a pose!... Vogue, vogue, vogue!”. ¡Y que arda el género!