la cura reterritorializante del síntoma maquínico es precisamente la articulación de un discurso que le dé nombre y fecha, un estrato o un punto al movimiento maquínico que se trata de curar;
ante esta reterritorialización, el agenciamiento se ve obligado a funcionar como un vir.us, un virus que es muchos virus, un vir.us que pueda devenir vir.them: es decir, generar funciones de matematización virulienta, reproducción geométrica, infinitesimal o aritmética incluso, pero siempre mutable;
la curaduría no se hace esperar, hará hablar al agenciamiento por medio de la violencia o la persuasión lingüística, e incluso sacará tanta información como sea posible a los agentes de la desterritorialización; ese es el objetivo del secuestro tortuoso. No obstante, la maquinaria del lenguaje no consigue frenar la fragmentación de los engranajes perpetrada por los vir.us en el cuerpo sin órganos; mismo que -durante el proceso de infección- mantiene tanto la estratificación molar (su cuerpo), como su flujo molecular (los órganos) en un proceso (kafkiano) de tensión y distensión;
la curaduría museográfica tiende a generar discursos de síntomas dispersos porque esa es su función de reproducción geométrica: reproducir el cuerpo sin órganos en las cadenas de los virus para articular unidad en su heterogenidad;
los vir.us, que ya siempre somos nosotros mism.us, i.e., todos los nosotros que en ese us cabem.us no tenemos más opción que mutar. si tanto la polución (la expulsión nocturna inconsciente de fluidos, el agenciamiento maquínicolectivo de las enunciaciones incnoscientes del cuerpo sin órganos) como la polution (la contaminación molecular de los estratos) impulsan sus intensidades desde la heterogenidad a partir del devenir-otros, es importante hacer incapie tanto en la necesidad de la curaduría, pero sin dejar de lado la importancia de la proliferación de series y cepas siempre distintas;
toda curaduría tiende sus ramas a lo aborescente;
toda cepa del arte mutado (mash-up/bastard-pop) tiende a lo rizomático;