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martes, 26 de febrero de 2013

+ V. Woolf + Deleuze + Hegel + Estar enfermo + La literatura angloamericana + Revolución molecular +



"¿Quién que haya nacido inglés puede tomarse libertades con el idioma? Para nosotros es algo sagrado y, por lo tanto, condenado a morir, a menos que los norteamericanos –cuyo genio es mucho más feliz en la hechura de nuevas palabras que en la disposición de las antiguas– acudan en nuestra ayuda y abran los manantiales para que fluyan en libertad. Sin embargo, lo que nos hace más falta no es un nuevo lenguaje, más primitivo, más sensual, más obsceno, sino una nueva jerarquía de las pasiones; el amor tiene que deponerse a favor de una fiebre de cuarenta grados; los celos tienen que ceder ante las punzadas de la ciática; el insomnio está obligado a desempeñar el papel del villano, y el héroe, a convertirse en un dulce líquido blanquecino: el poderoso príncipe con ojos de polilla y pies emplumados llamado Cloral*."


*Sedante y droga que también se utiliza para tratar el insomnio.

Virginia Woolf - De estar enfermo

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No es necesario estar al tanto del profundo conocimiento que Deleuze tiene de la producción-agencement- Virginia Woolf para ver que desde ella también traza uno de los mapas que componen sus tesis más devastadoras sobre la superioridad de la literatura angloamericana (Cf. 'Diálogos', con Claire Parnet). Incluso este breve párrafo de Virginia deja ver al menos una serie de ideas que Deleuze retoma sobre la producción de enunciados y que se construyen sobre la línea de fuga que abren los escritores:

- Que las estructuras y los temas de la trama en su acepción clásica, comprendida como tejido de acontecimientos, acción del personaje, pasión del héroe (pathos), peripecias, unidad de la acción, etc., nos son ya algo pasado (y en esto, ambos, Deleuze y Woolf repiten las tesis de Hegel sobre el desarrollo de las figuras retóricas, técnicas y estructuras literarias expuestas en la parte especial sobre la poesía en su 'Estética'). En resumen: que la acción del personaje cede su sitio a la articulación de perceptos y afectos que son de suyo una tesis contra la función-persona, función-sujeto, función-individuo, y tienden a la composición de otras modalidades de habitar: de ser algo más(una aproximación a lo cósmico) y algo menos que un sujeto (el descenso a un vivir molécular). El amor es un e(a)fecto pasado, hay que dar sitio a la sensación como dislocación: la enfermedad como un nuevo mapa de experiencia es la señal de que vamos hacia otras partes...

- La ética /política de los devenires trazada desde los planos del arte (perceptos, afectos, etc.): El descenso de la superficie dominante de inscripción (El Hombre) a devenires-femeninos, devenires-animales, devenires-minerales, en suma, imperceptibles.

- Que la revolución literaria del XX no está en Europa. Virginia Woolf denuncia a los ingleses. Deleuze hace lo propio: los franceses (particularmente los escritores y poetas de la primera mitad del XX) están demasiado atravesados por las ciénagas del historicismo; y por otro lado, están enfermos de seriedad, todo es solemne o trágico para ellos (existencialismo, Valéry). El lenguaje se les ha vuelto algo sagrado y nunca han sabido bien cómo matar dioses.

- Los norteamericanos, en el otro lado, tienen este ímpetu salvaje, incivilizado por hacer vibrar el inglés como no pueden los ingleses. Su falta de respeto por lo Absoluto y su movilidad inestable en las estructuras fijas es lo que muestra que América es ese movimiento intempestivo hacia el fragmento: la totalidad no es Hegel, sino Whitman, evidentemente no es una totalidad del Absoluto, sino la del fragmento, las series, los bloques de hojas de hierba.

- Que no es necesario deconstruir el lenguaje para dar sitio a otros mapas de experiencia. Deconstrucción vs Producción. Se puede matar al sujeto con sus propios fundamentos. Si a Joyce se le cuela la historia de la escritura de Europa en su intento por salir del infierno de la Historia, a Virginia Woolf, que en esto es mucho más recatada que Joyce, le cuesta la salud "mental" la mera idea de postular un neologismo, y eso es precisamente lo que la convierte en la productora de una literatura menor distinta a la de Kafka; Woolf no tiende al neologismo, es incapaz de ello, sería algo demasiado vulgar..., en ella es la escritura preciosista y cargada de bloques intensivos de tiempos y espacios moleculares la que articula una modalidad del enunciado que desde las alturas de la neurosis hace colapsar al "yo". Sus novelas son todas ellas tesis contra el "yo" neurótico, pero armadas con los elementos que han conformado a éste, eso es lo que la vuelve ineludible y superior a Joyce en la literatura del XX: el modo de huir a través de espejos, de bancos de peces, de umbrales de tiempo operando en una casa junto al faro, en un río con los bolsillos cargados de piedras, cual Ofelia...

lunes, 28 de enero de 2013

Rev⊗lución


Desde mi regreso de las tierras del socialismo, no dejo de ver revoluciones por todos lados (revoluciones en velocidades muy distintas a las que vi allá, aclaro): algunas sometidas a códigos castrados y caducos; algunas volátiles y hermosamente peligrosas; tras mutantes y marcadas por la emergencia de tiempos sombrís; y las mejores -esta va para un guapo culichi en concreto- devastadoras y colosales en el ámbito más importante: los afects. 

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"El arte y la ciencia tienen una potencialidad revolucionaria, y no otra cosa... esta potencialidad aparece tanto más cuando uno menos se pregunta por lo que quieren decir, desde el punto de vista de los significados o de un significado forzosamente reservado a los especialistas" (...) "los códigos y sus significantes constituyen conjuntos estéticos, caracterizados por finalidades, escuelas y épocas, los relacionan con los conjuntos sociales más vastos que allí hallan una aplicación y por todos lados esclavizan al arte a una gran máquina de soberanía castradora."


Gilles Deleuze y Félix Guattari - El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia I

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El EZLN: de esos acontecimientos que dan qué pensar y que -en muchos modos- dislocan los ejes aleatorios de mi desencantado corazón posmoderno. 



El comunicado en La Jornada es, sin lugar a dudas, una denuncia/demanda política; en otro contexto haría énfasis en su hechura y evocaciones literarias, hoy simplemente me conformo con traerlo al pensamiento y, con suerte, como medio para reparar de nuevo en que hay revoluciones pendientes que no tienen nada que ver con la versión autorizada de ese mito hoy inservible sobre el que se ha erguido el Estado Mexicano y que, como por efecto de fuerzas misteriosas, tantos creyentes de la Revolución invocan en una segunda venida de Zapata u otros mesías afines.

Más allá de que no creo que sea necesaria una Segunda Venida (Tercera, dirán, los creyentes de la Independencia), la tan esperada Revolución del 2010, que -como es notorio- no vino, ni tenía por qué venir (1810/1910 son lecturas arbitrarias de acontecimientos sumados en una interpretación parcial y torpe), lo que sí creo es que hay más trincheras de las que parecen existir y más de las que se nos ofrecen en los sitios que tantas personas procuran mantener como lugar privilegiado para dar trabajo a nuestras buenas conciencias y nuestras buenas acciones.

Si algo me ha gustado/con-movido de este comunicado es esa invitación a la resistencia (a pesar del tono trágico). ¿Y qué es lo que podemos tomar como tarea para pensar? Mi sugerencia -la retomo particularmente de María Zambrano-, la Historia: toda historia oficial no puede existir sin esa estructura trágica y sacrificial en la que las personas se entregan a fines trascendentes para salvar al pueblo (incluso al pueblo por venir), y en medio de ese proceso tiene que ser suprimida su vida en aras de un bien mayor, colectivo, que vendrá a justificar todo el horror padecido. Ese es el infierno historico que han señalado tantos pensadores, y del que sigue habiendo hordas enteras de víctimas. Joyce apuntaba que la Historia era la pesadilla de la que era necesario despertar, pero, ¿cómo despertar de la pesadilla histórica? Con revoluciones. Una revolución no es necesariamente una suma de acontecimientos de alcances épicos, una re-fundación de pueblos. Revolución es resistencia, negarse a aceptar el metarelato histórico como el único posible para habitar. Crear es resistir, generar condiciones para que las cosas aparezcan de otro modo: eso es también pensar. Pensar es resistir al presente cuando se presenta como una única imagen del mundo, pensar es darse el valor de no tomar como hechos certeros los discursos imperantes que someten la realidad a una interpretación ya siempre castrada e infertil.

Y aunque no dejo de lado que la filosofía académica tiene aquí el privilegio de la formación y el uso del aparato crítico, sería ingénuo suponer que sólo hay pensamiento en los libros de filosofía: el pensamiento es algo tan volatil e intempestivo que no tiene un sitio "natural", puede acontecer en cualquier lugar: el arte, la política, la ciencia, etc; incluso, por raro que suene, puede acontecer en cualquier ser humano. Porque pensar es más que tener un flujo de sonidos articulados en la conciencia, pensar no es que haya palabras en nuestra cabeza, pensar es producir mundo.

Ayer reparaba en una plática que tuve hace un par de años con mi profesora gurú, y donde yo me quejaba de Heidegger por servirse tanto del trabajo de otros filósofos siendo a su vez tan poco justo con ellos, hoy tengo que ser justo con Heidegger; ella me decía -y ahora no puedo negarlo- que Heidegger era piedra de toque de la filosofía en nuestros días porque había re-descubierto no sólo la necesidad de volver sobre la ontología sino también por hacer énfasis en las potencias creadoras/poéticas del pensamiento en estos tiempos tan dados a la cerrazón de comprensiones del mundo.

Si bien es cierto que no son pocos los que fácilmente critican a Heidegger por sus deslindes de la política, habría que decirles a todos ellos que no hay nada más revolucionario que el verdadero pensar, y eso es lo que la realidad reclama tanto en estos días. No se trata de dejar de comprar en Wal-Mart, se trata de dar cabida a otros mundos, dejar ser a lo otro -han dicho tantos-.
Contra Marx hay que decir que pensamiento es acción, pensar, más que el filosofar (que es simplemente otra cosa), es desocultar las tantas otras realidades por darse, y si en este regalo de ideas no pueden ver sino ideología, la culpa no es de Heidegger, sino del ímpetu de someterse a mitos y relatos que no tienen otro motivo que la castración y el dominio. Creo que en cierto modo, lo que pide aquí el EZLN es más o menos lo mismo que hicieron Kant, Nietzsche, Heidegger, Foucault, Deleuze y muchos otros filósofos -cada cual a su modo-: una invitación a revolucionar la realidad, o lo que es lo mismo, una invitación al pensamiento. Y esta invitación tiene como motivo algo más que el pensar, tiene toda la intención de hacer desaparecer el actual presente. La revolución es intempestividad: pensar desde el pasado, contra el presente, para el futuro.

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Tesis XV


La conciencia de hacer saltar el continuum de la historia es propia de las clases revolucionarias en el instante de su acción. La Gran Revolución introdujo un nuevo calendario. El día con el que comienza un calendario actúa como un acelerador histórico. Y es en el fondo el mismo día que vuelve siempre en la figura de los días festivos, que son días de rememoración. Los calendarios miden el tiempo, pero no como relojes. Son monumentos de una conciencia histórica, de la cual en Europa, desde hace cien años, parece haberse perdido todo rastro. Todavía durante la Revolución de Julio se registró un episodio que mostraba a esa conciencia saliendo por sus fueros. Cuando cayó la noche del primer día de combate ocurrió que en muchos lugares de París, independientemente y al mismo tiempo, hubo disparos contra los relojes de las torres. Un testigo ocular, cuyo acierto resultó tal vez de la rima, escribió entonces:


Qui le croirait! On dit qu’irrités contre l'heure
De nouveaux Josués, au pied de chaque tour, 
Tiraient sur les cadrans pour arrêter le jour.*
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*¡Quién lo creería! Se dice que, irritados contra la hora
Nuevos 
Josués, al pie de cada torre,
Disparaban sobre los cuadrantes para detener el tiempo.

Walter Benjamin - Sobre el concepto de historia



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Las revoluciones hacen visible la ruptura del continuum lo simbolizan con el acto de comenzar un nuevo recuento de los años

Cromwell

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Devenir revolucionario es mucho más importante que el futuro de la revolución

Los franceses son demasiado humanos, demasiado históricos, están demasiado preocupados por el futuro y el pasado. No hacen más que pararse a recapitular. No saben devenir, piensan en términos de pasado y de futuro históricos. Incluso tratándose de la revolución, más que en un devenir-revolucionario piensan en un «futuro de la revolución». No saben trazar líneas, seguir un canal. No saben perforar, limar la pared. Les gustan demasiado las raíces, los árboles, el catastro, los puntos de arborescencia, las propiedades. Véase si no el estructuralismo: un sistema de puntos y de posiciones que, en lugar de proceder por crecimientos y estallidos, actúa por grandes cortes llamados significantes, y que obstruye las líneas de fuga en lugar de continuarlas, de trazarlas, de prolongarlas en el campo social.

Gilles Deleuze (et Claire Parnet) - Diálogos

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Deleuze le hace un guiño a Nietzsche, quien ha escrito una obra con el título Humano, demasiado humanopara hacer referencia a la concepción del hombre que resulta de la modernidad europea ilustrada. La empresa del Renacimiento y de la Conquista de América, que se desplegó bajo la consigna “plus ultra” (más allá) y que rompió los límites de la Europa feudal, pareció asentarse sobre la base segura de la razón con el Iluminismo del siglo XVIII. Este es el modelo “demasiado humano” y “demasiado histórico” al que Deleuze opone la empresa activa y creadora de la literatura. La literatura es lo que nos permitiría ir más allá de los límites autoimpuestos por la razón ilustrada. “Demasiado histórica” es la posición desarrollada durante el siglo XIX por las filosofías de la historia y por las escuelas históricas. Si la ilustración ha sujetado las potencialidades del hombre a la razón, las escuelas históricas las han sujetado a lo dado, a los hechos pasados o presentes, que consuman el sentido de la historia toda. Las escuelas y las filosofías de la historia conciben el tiempo según una línea de continuidad; la literatura, en cambio, proyecta la acción desde los quiebres, desde los momentos de discontinuidad, desde las rupturas. Ésas son las líneas de fuga. En la literatura se trata de seguir estas líneas, que no son progresivas, sino quebradas, discontinuas. En este punto hay que aprender las enseñanzas del psicoanálisis, para el cual no interesan las racionalizaciones, la coherencia en las explicaciones, sino precisamente lo contrario: esos momentos sin sentido, los lapsus, los actos fallidos, los olvidos. Esas rupturas permiten pasar al otro lado, pensar de otro modo y vivir de otro modo, sentir de otro modo.                  

                  Ricardo Etchegaray







martes, 13 de diciembre de 2011

Sí, yo creo que existe un pueblo múltiple, un pueblo de mutantes, un pueblo de potencialidades que aparece y desaparece, que se encarna en hechos sociales, en hechos literarios, en hechos musicales. Es común que me acusen de ser exagerado, bestial, estúpidamente optimista, de no ver la miseria de los pueblos. Puedo verla, pero... no sé, tal vez sea delirante, pero pienso que estamos en un período de productividad, de proliferación, de creación, de revoluciones absolutamente fabulosas desde el punto de vista de la emergencia de un pueblo. Es la revolución molecular: no es una consigna, un programa, es algo que siento, que vivo, en algunos encuentros, en algunas instituciones, en los afectos, y también a través de algunas reflexiones...