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jueves, 11 de junio de 2009

El fluir


Perséfone


Tras la visión me ha venido la certeza, la certeza de que la imagen que de estas manos abiertas emergía se ha encerrado de nuevo en el germen endulzado del que otrora se levantó moviendo, agitando y haciendo retumbar los cimientos de nuestra vida. Esa misma vida que se trenzaba desde las auroras de tu corazón líquida pantalla de cristal. Hoy veo la luz de nuevo. La luz nebular de mi roja alta tensión, que arde en llamas holográficas, y tras ella, inevitable es, llega la verde distracción de las entrañas del mundo pantalleado en tecchnicólor, el azul de los abismos, aquellos que han escupido mis alegrías sólo después de masticarlas en el tornaluneado brillo negro de sus aguas, le sigue, vendrán ya pues los colores mortales. La secuencia iniciaba y fin parecía no tener; pero me ha despertado la carne, la dulce, triste, amarga carne que se levanta y se va, retorcida ahora, eclipsando el horizonte con su aroma estrella de la muerte: o lo que es lo mismo, aunque en muerte distinta, mil supernovas estallando en tu mirada, esa misma mirada que se quiebra con la suma aparición de estas colinas de escarcha y los millones destellos de blancos, mil tonos blancuzcos que hieren, hunden su filo en mi alma para no dejar que se levante ya nunca jamás. Ya nunca jamás...

lunes, 30 de marzo de 2009

Karma Police (El fluir B-side)

¿Y no has pensado acaso si lo que te está pasando es un efecto karmático?, porque bueno, no sé si sepas, pero el karma es un término metafísico oriental que los mejicanos confundimos con una idea cristiana de venganza del destino o cosas chamánicas que se te regresan. Pero, ¿sabes tú, bien a bien, qué es el Karma? Deja veo, no lo recuerdo con certeza, pero creo que alguna vez discípulos-colaboradores de Heidegger venidos de algún país oriental, japón o algo así -no me hagas tanto caso con los detalles, porque no no recuerdo bien si es una idea hecha explícita a los alemanes por Nishitani Keiji, Hajime Tanabe o Nishida Kitaro, uno de esos chinos de los de la escuela de Kioto..., pero en fin, creo que esto de los detalles autorales no te importa verdad.

Pues mira, lo que alguno de ellos dice es que los acontecimientos más importantes para forjar nuestros proyectos de vida no están bien determiandos, no se quedan en el pasado porque de alguna manera siguen y seguirán actualizándose, son una nada activa, son un vacío profundo que difícilmente desaparecerá para siempre de tu vida, y por ello mismo son una fuente fértil de reflexión (y en tu caso, de individuo-consumista-cristiano, una tortura) para abrirse mil y una veces de maneras distintas. Y cuantas más veces dependiendo de la intensidad de aquello que cercan con su vacío.

Así, por decir cualquier cosa, un evento que puede causarte mucha culpa sólo es un acontecimiento nihilizado en grado extremo, y el regreso vengativo no existe en términos de causa-efecto, esa es una perspectiva totalmente occidental: es resentimiento judío mezclado con física newtoniana. El asunto real con el karma police oriental es la infinitud de cada evento en tu vida, y dicha infinitud se multiplica dependiendo del valor que tú mismo le des a ese acontecimiento que sientes que te persigue, o mejor todavía, la infinitud del acontecimiento depende de la fuerza vital que en ese choque(evento) se concentra.

Así, por ejemplo, para ponértelo más fácil: ¿te persigue el fantasma de Greta, me dices, no?, pues velo así, Greta (su fantasma) regresará tantas veces como voluntad de poderío hubo en el transcurso en el que ella fluyó por este mundo y en concreto en tu vida. El karma habla de la inagotabilidad de incidencia de cosas del pasado, tiene que ver con el diálogo con los espectros de lo que hemos sido y de lo que todavía nos falta ser: de cómo seguimos dialogando con muertos y a veces ellos deciden por nosotros, en venganza, si lo amerita y si tú permites que eso ocurra. El karma alude a la transformación de un acto en una nueva potencia, a la inversa y en todas las combinaciones que pueda haber ahí. Todo ese daño, o aquello que tú interpretas como daño hecho por tí hacia ella, todo eso es una fuerza que tú moviste hacia ella y ayudó a destruir su antigua forma, pero en ella todavía hay restos de esa misma fuerza que invertiste, tu violencia "pasada" está radiando desde aquellos instantes, para librarte de ella no tienes que pedir perdon u olvidar, sino reencauzarla, puedes hacer de ella tu nueva fuerza también, y si lo quieres intentar tendrás que esforzarte mucho porque eso es para alquimistas del alma. Ese daño no está en el pasado, está aquí todavía, está contigo y así seguirá si no juegas con él, si no haces con él una escultura.

jueves, 24 de enero de 2008

samuel - omar

Él esperaba que su voz sonara como Marguerite Duras. Él, por el contrario, ansiaba un tono más dramático y poético. Él lo miraba y lo imaginaba con lágrimas en los ojos mientras bailaba esa canción de David Bowie. Él, por otro lado, sabía que el dramatismo de su amante era ocasional y sin embargo lo consideraba patético. Veía correr las luces negras y azules por las cortinas y suspiraba desesperado por un cambio de aires, necesitaba más luz y figuras más amables en sus días. Las tardes pasaban de largo mientras ambos se distanciaban y se encontraban sólo para cojer justo antes de dormir.
Él escuchaba a Iggy Pop por las mañanas, a todo volumen, cosa que él evitaba dando paseos en círculos por las cuadras aledañas. Él caminaba buscando de reojo chicos con apariencia menos lúgubre y de vez en vez coqueteaba de más, inquieto. Pocas veces tenía suerte con los mayores que él. Cuando lograba la atención de algún adolescente se prestaba a besarlo en lugares poco iluminados, pero salía huyendo asustado antes que algo más pasara. Él snifeaba a escondidas la cocaína de mala calidad que sus amigos de la Condesa le regalaban. Él tomaba wisky y leía o escuchaba ópera mientras fingía no darse cuenta que él estaba drogado y estúpido otra vez. Él despertaba llorando y él, impasible, lo confortaba, aburrido, pero mostrando un apoyo que en realidad no le daría si la situación lo ameritaba. Él se sentía atrapado por el cuerpo del otro, hubiera querido dejarlo más de una vez, más de una vez sentía eso cada día, pero no podía pasar una noche lejos de su verga y lejos de su abrazo nocturno, aunque ya no lo quisiera. Él despertaba antes, una hora antes de lo previsto para evitar oir sus quejas y era entonces cuando sus horas eran más tranquilas. Él, al despertar solo, escuchaba "Kill City" dos o tres veces seguidas, el disco completo, corría al baño a drogarse, aunque él no estuviera en casa él se drogaba a escondidas, desayunaba y lloraba al imaginarlo besando algún adolescente rubio en los baños públicos. Él se desesperaba por no poder olvidarlo, ni siquiera mientras tocaba por encima del pantalón la verga del chico del día. Él regresaba al cuarto a llorar de nueva cuenta. Miraba con desprecio el estante de los libros de él y se lamentaba de su suerte. Él pasaba algunas tardes sentado en el café de la esquina, fuera leía siempre el mismo libro de Capote, pues sabía que eso atraería algún muchacho. Él odiaba todos los días en esta ciudad extraña y por momentos olvidaba que detestaba aún más el pueblo donde había nacido.