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sábado, 23 de abril de 2011

El silencio

“Se que me estoy enredando, que la vida es así,

en espiral, un ir y venir para caer y volver a bajar,

un ir y venir constante, entre dos ínferos:

uno más bajo, más hondo, más sin salida y otro,

la salvación total y completa”


María Zambrano

jueves, 29 de julio de 2010

La verdad en los sueños

En el absoluto de los sueños, emerge en algunos el carácter terrificante de la verdad. Terrificante no porque la verdad, la determinada verdad que aparezca, lo sea, sino simplemente porque es una verdad, porque es simplemente verdad.

Las verdades que en la vigilia obtenemos tienen ese carácter de ser obtenidas, justamente; de que se nos revelen tras largo esfuerzo, tras de haberlas perseguido. Mientras que las del sueño vienen a nuestro encuentro. Y esto solamente sucede –en la vigilia– en los momentos escasos y decisivos, tal la muerte y su inminencia; el desenlace de una situación absurda por largo tiempo mantenida, una catástrofe que revela el mal oculto, los instantes llamados de desenlace, instantes típicos de la tragedia, sin los cuales ninguna tragedia existe.

En los sueños, pues, la verdad aparece trágicamente, viniendo a nuestro encuentro como una sorpresa, en la atemporalidad. Sucede que es justamente en los sueños puramente atemporales en la, en la más estricta atemporalidad, donde la verdad se muestra. La verdad objetiva. Y por ello pertenece al aspecto absoluto de los sueños, que se realiza cumplidamente tan sólo en los sueños de pura atemporalidad.

Mientras que en los sueños donde se desliza un átomo de tiempo, son la realización de una acción, el punto culminante de un proceso personal. Sueños de la persona según los hemos llamado. Sería lógico, de acuerdo con la lógica de la vigilia, pensar que sería en estos sueños de la persona donde la verdad venga a nuestro encuentro. Y así lo pensamos al buscarla despiertos. Por ello, lo que más valor tiene de estas verdades de la vigilia es la acción de ir a buscarla. Lo cual está en la raíz misma de la actividad filosófica, lo que se puede llamar ética de la verdad; la integración de la persona por ella. Pero a cambio de esto no hay mucha garantía de que la verdad sea encontrada tanto como es buscada, pues la mente despierta obtura con su lógica, con su estática estructura, con sus ideas, juicios y opiniones la aparición de la verdad. Nos referimos especialmente a las verdades que aquí nos interesan, que aquí son cuestión, las verdades de la vida.

En sueños aparecen separadas la verdad y la persona. En los sueños la persona aparece, sí, la verdad, más la verdad activa de la vida personal: la acción. Ha de ser así, ello mismo indica que la esencia de la persona es un movimiento, un proceso.

La verdad viene a nuestro encuentro en sueños, como algo absoluto en los sueños puramente atemporales. Viene pues a nuestro encuentro como absoluto, como verdad pura. Como verdad sin sujeto. Y, por ello, terrificamente verdad pura, que llega más allá de los confines de tierra conocida. No es nuestra, no nos encontramos en ella; no encontramos nuestro esfuerzo ni siquiera nuestro afán de conocerla. Es una desconocida que avanza y se fija ante nosotros sin tiempo. Indeleble, sin relación con nada. Fuera de la memoria y del olvido. Ella sola. Como la misma muerte. Como si la verdad fuese, en el absoluto de los sueños, rostro y voz de muerte.

Y al ser así, es absoluta objetividad, esa que en la vigilia busca el pensamiento y que sólo ha encontrado en algunos instantes de intuición intelectual pura, como en el Uno de Parménides.

La verdad que llega en sueños participa pues del Uno de Parménides y de la verdad de la tragedia. Es pues, el instante trágico y objetivo. La muerte. La verdad en sueños es como la muerte, intangible, inabordable, insoluble.


María Zambrano - Los sueños y el tiempo.

martes, 1 de junio de 2010

El descubrimiento del tiempo

"time goes by...
so slowly..."



Quizá no exista ninguna experiencia que preste mayor madurez al hombre que su descubrimiento del tiempo. Esta verdad fundamental no nos es evidente, no está situada en primer plano, y si en algún instante sentimos su leve paso, bien pronto lo olvidamos sumergiéndonos en él. Pues el tiempo, como quizá toda otra realidad para ser enteramente y claramente percibida, exige alguna otra distinta desde la cual pueda ser abarcada. Que nuestra vida es tiempo, es cosa que se advierte en ciertos momentos de madurez, cuando por una parte nos va quedando ya poco, y por otra, hemos tocado con alguna extremidad de nuestra alma, algo intemporal.Heráclito, quien acentúa como nadie el pensamiento griego, la melancolía del perpetuo pasar de las cosas, su fugitiva condición, acentúa también su unidad, la unidad más allá de ellas, aunque esta unidad no sea ideal, sino que se dé en alguna materia: fuero. Y sería curioso advertir cómo todo aquel que nos ha hablado del tiempo lo ha hecho acentuando algo no temporal. Pues que lo que mira correr el tiempo, ya no es tiempo propiamente.

Porque si toda vida es tiempo, la evidencia de esta realidad se nos hace presente en determinados trances, en un cierto momento, cuando algo ha dejado de ser, cuando algo nos ha abandonado. Entonces, en el hecho de su presencia aparece negro el telón del tiempo.

Indudablemente, el descubrimiento del tiempo no puede verificarse más que en un momento negativo dentro de la propia vida, en que hemos perdido alguna cosa que lo estaba llenando; el tiempo es la sustancia de nuestra vida y por lo mismo está bajo ella, como fondo permanente de todo lo que vivimos; descubrir ese fondo tiene algo de caída que sólo tiene lugar en un especial estado de angustia, desengaño o vacío. Descubrir el tiempo es descubrir el engaño de la vida, su trampa última; es sentirse forzosamente, en un instante al menos, como un muchacho engañado a quien le cae la verdad.Es, así, un entrar en razón. Por algo Heráclito, que tan exacto sentido tiene del tiempo, nos habla en ese paternal tono de reprimenda. Al ponernos delante la evidencia del correr incesante de las cosas, nos está haciendo "entrar en razón".
Pero el que esta experiencia tenga un sentido histórico, una trascendencia, es también una experiencia histórica. Es decir, es principalmente eso, pues que el descubrimiento del tiempo no siempre aprovecha. Hay épocas en que los hombres pueden permitirse el lujo de vivir ignorándolo; son los momentos en que históricamente somos niños o jóvenes y hasta hombres maduros embriagados por las ilusiones, por el juego y hasta por el trabajo. Son las épocas llenas, en que el hombre no desengañado, sino sostenido por el mundo se puede dar el lujo del engaño.

Séneca vivió un momento propicio para descubrir el tiempo. El mundo, es cierto, estaba lleno, lleno como nunca de esplendor, poderío, de ocio y de negocio. Pero como todo ello no estaba sostenido por una condición firme, al fin, un día u otro tendía que acabarse. Era el momento en que el mundo antiguo llegaba a su término, a los confines de su horizonte, lo cual se muestra en muchos síntomas, entro otros en el retroceso que significa el mismo estoicismo y la creciente desesperación de la gente mejor que la llevaba a veces al mismo suicidio; y el tedio cuya huida era la más constante ocupación de las gentes afortunadas.

Entonces, cuando las ocupaciones nos muestran su esencial vacuidad y los placeres su dispersión, descubrimos el tiempo. El tiempo se descubre en realidad en momentos de desamparo; cuando el hombre siente bajo la tutela de una creencia máxima, unitaria y que recoge y sostiene a todas las demás, que es como la fuente de todas las demás creencias. Mientras estamos bajo ellas las cosas pueden correr hacia la destrucción y nosotros mismos con ellas, pero la creencia radical y última nos traerá algo así como una seguridad intemporal que nos curará por anticipado de la melancolía del tiempo.

Pero todavía más, cuando tenemos esta creencia última y unitaria, la propia seguridad que nos inspira nos lanza hacia la acción, sea esta acción la que sea, la contemplación misma, pues no tiene por qué ser acción atropellada ni inquieto ir y venir, sino al revés, verdadero actuar que modifica las cosas. Y esto, la acción verdadera es la única que mata el tiempo, un acto de fe o un acto de voluntad o de contemplación pero un acto, pues todo acto es en realidad unéxtasis. Nada más exótico que la acción verdadera, pues ella detiene el tiempo. Y de ahí que los místicos hijos de Plotino afirmen que la mayor acción es la contemplación.

Y así, Séneca lo primero que recomienda es la administración del tiempo. Y su moral, esa moral, como todo lo suyo, a la defensiva del tiempo y del poder, no es la de la quietud como podría parecer a primera vista que sea en un estoico. Es la moral de la actividad; y su primera regla es el trabajo; el sabio no puede permanecer jamás inactivo, pues siempre puede hacer algo; Séneca lo justifica por el bien de sus conciudadanos unas veces, por el entretenimiento del tiempo en realidad, siempre la necesidad de "matar el tiempo".

Las Cartas a Lucilo comienzan con una meditación sobre el empleo que hemos de dar al tiempo. "Haz de suerte, mi querido Lucilo, que el tiempo que se tiene la costumbre sustraernos o el que tú mismo dejas escapar, administres y cuides." "Pues la peor de todas estas pérdidas es la que llega por nuestra negligencia. Si te dispones a considerarlo, encontrarás que la mayor parte de la vida se va en hacer mal, gran parte en no hacer nada y toda ella en hacer otra cosa distinta de la que se debería." Es el primer consejo, la primera reflexión de esta "Guía", de este tratado, el más sistemático de cuantos Séneca escribiera y uno de los más sistemáticos de la tradición española en que está como si en lenguaje castellano hubiera sido escrita. Es la tradición sabiamente popular de las "Guías"; la de Molinos, la del Padre Granada, losEjercicios de San Ignacio, de Quevedo el tratadito desdeñado De la cuna a la sepultura y aún en la Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno. Séneca, llegando al límite de lo soportable de abstracción sistemática para una mente española, comienza haciéndose caer en esta realidad del tiempo. No es una verdad la que nos presenta, sino una conversación; pide que nos convirtamos a esta realidad fundamental y última, las realidades últimas de quien ha perdido todas sus creencias.

Ahora en nuestros días se ha vuelto a descubrir el tiempo dentro del pensamiento filosíofico, en el historicismo del XIX primero, en Ortega y Gasset después, ya en las primeras páginas de su obra; después en Heidegger. Porque vivimos un momento de radical soledad también sin padre, sin una última creencia. No pudo, en cambio, descubrirlo Descartes en su soledad, porque en realidad no era soledad última, que de haberlo sido no hubiese descubierto la conciencia, sino el tiempo que la envuelve.

MARÍA ZAMBRANO, en SÉNECA, EDICIONES SIRUELA, 1994.


El descubrimiento del tiempo en Pink Floyd

El descubrimiento del tiempo en Fever Ray

El descubrimiento del tiempo en Ely Guerra


miércoles, 24 de marzo de 2010

Endiosamiento, totalitarismo y lo sacrificial ante la historia

"Y todo endiosamiento requiere una víctima y una complicidad. Nadie puede a solas endiosarse, o nadie se conforma con endiosarse a solas. Es un proceso esencialmente altruista, hace falta el otro o los otros; un individuo, un semejante en ciertos amores: un pueblo entero, cuando de la historia se trata. El que se endiosa necesita verse y sentirse como un Dios para el otro, en el otro. Y como la especie de Dios que le sirve de patrón —inconscientemente— corresponde a épocas religiosas muy primitivas piden, como ellos, víctimas, pues solamente alzándose sobre una víctima o un montón de víctimas el que no es un Dios puede hacerse la ilusión de serlo. [...]

En los momentos de crisis histórica —se comprende fácilmente— es cuando este endiosamiento encuentra su clima propicio, de una parte; de otra, en los momentos de absolutismo declarado. Pero en este segundo caso, se trata de un proceso subyacente, consecuencia del absolutismo de la mente o voluntad. Mientras que en los momentos de crisis histórica, es el endiosamiento el que es causa del absolutismo. Por eso coexiste con diversas y aun contrarias ideologías. Es una enfermedad que se desata y, aun más que una enfermedad, una caída, un abismo que se abre en la historia, y que devora alucinadamente siglos enteros —toda una civilización por momentos— sumiéndola en una situación prehistórica, más bien infrahistórica [...]

[...] el que se endiosa lo hace a costa de otro o de otros, que se le ofrecen como víctima. O le ayudan en tácita complicidad para hacerlas. Sean su víctima o su instrumento. En todo caso se someten a ser cosa suya. [...]

¿De dónde la fascinación que tales «nadie», que tales «ninguno», ejercen sobre las masas, y lo que parece más extraño, sobre algunos individuos de las minorías? Pues sin sufrir una fuerte fascinación no se dejarían las gentes devorar. Muchas víctimas —es cierto— lo son por incapacidad total de huir de tan pavoroso destino. Pero hay víctimas voluntarias; los cómplices, los colaboradores, los que «prestan» dando más de lo que se les pide, inventado nuevos sacrificios. Es el punto en que la condición humana se hace abismática, se hunde en un abismo de no-ser, una especie de suicidio de la peor clase; suicidarse como persona, para seguir viviendo."



María Zambrano, Persona y democracia






miércoles, 10 de febrero de 2010

Heligoland

"Hacía tiempo que cada cosa no era ya ella misma y la vida parecía haberse convertido en una inmensa traición."






María Zambrano - La agonía de Europa

jueves, 24 de diciembre de 2009

Literatura y ontología. Trazos para una comprensión filosófica de la poesía.


Introducción


I. Zambrano. La poesía y el sueño de la historia

1.1 La palabra y los sueños

1.1.1 La atemporalidad de los sueños

1.1.2 Los sueños de la persona y los sueños de la psique

1.1.3 Persona y personaje: la legitimidad poética del soñar


1.2 Argumento y tiempo

1.2.1 La tragedia en el personaje autor: Antígona

1.2.2 La novela y la soledad: del Quijote a Proust

1.2.3 La novela en Kafka: la tragedia de la Modernidad


II. Ricoeur. Tiempo y narración en el relato de ficción

  1. Los tiempos y su re-presentación

    1. Tiempo cosmológico y tiempo fenomenológico

    2. El tiempo de la conciencia: Proust, Woolf y Lispector

    3. El tiempo “fantástico”: Rulfo y Conrad

    4. El tiempo fragmentado: Faulkner, Cuningham y Arenas

III. Deleuze. Cartografías poéticas

    1. ¿Qué es una literatura menor?

      1. Re-territorialización y des-territorialización en literatura: Kafka y Joyce.

      2. La memoria y los signos. Proust: los nombres y el mundo recobrado


    1. Dispositivos poéticos

3.2.1 ¿Mecánico o maquínico?: La metáfora de la biblioteca en Borges

3.2.2 Rizoma y actualidad: La poética intempestiva de Burroughs


Conclusiones

______



Originalmente, éste sería el índice de mi tesis de maestría. Hoy lo veo como un texto que se quedó en mi cabeza, o que salió editado únicamente en chaquetas mentales o en pláticas de café con alguno que otro amigo de mi -pobre y triste- sabiduría de dos pesos. Mi principal problema con este texto non-nato, ahora, es que lo veo como un espejo arquitectónico -aunque no temático- de mi tesis de licenciatura: la estructura, la metodología prevista, el acompasado, el acento melan-cólico-esperanzador, la fotografía en claroscuros, grises, azules y verdes (románticos).

Pero ya está hecho, lo abandono y quedo con la misma intriga con la que se quedaron esas personas que leyeron el proyecto con algún ápice de entusiasmo. Porque lo cierto es que esta tesis no la escribiré yo. Aunque ahora que la reencuentro me tienta, pero ya no estoy ahí.

Lo que traigo en mente se parece más a un panal que a un edificio de tres pisos, pero no es la arquitectura lo que le queda cerca, son otros terrenos, justo -me parece- que está compuesto con cartografías y con intensidades, y no con niveles, ni cuartos aislados. Quizá sí tenga algo de músico y de cartógrafo, o lo descubro o me doy en la madre, ya lo veremos.

Por lo pronto: Ricoeur: descartado, ya habrá ocasión; Zambrano: definitivamente revisitada -simplemente no puedo dejarla, y me alegro por ello-, pero creo que sonará distinta a La nada y el eclipse de lo divino, simplemente ya la escucho en otro registro, en un espectro desfasado, más cerca de Schoenberg que de Chopin; a Deleuze lo invoco con ansiedad -y no viene, je- tiene mucho de acontecimiento mesiánico, sin duda, ha de aparecer pronto, lo sé; (Guattari, Nietzsche, Heidegger, Schlegel, Plotino, Adorno, Ortega, Hegel, Benjamin y sobre todo Spinoza serán paisaje sonoro, desgraciadamente en tercer plano pero serán una escenografía genial).

Ahora sólo me faltan el martillo, el arco y la lira. Las notas del ritornello ya suenan y las escucho mucho mejores que las campanas navideñas...., que no por mucho villancico se me quita lo grinch.ero, ¡eso sí que no!...

lunes, 26 de octubre de 2009

[ Deus otiosus ]






"Lo desconocido de Dios es la forma pura en que el hombre en su soledad vive la ausencia; la forma pura de la soledad humana. Mas el hombre no vive esta pura soledad sino en momentos raros, porque la soledad se da en la madurez; es el signo y la prueba de la madurez de una vida.

(...)

Se ha verificado un retroceso y el hombre ha vuelto a una situación análoga a aquella en que todavía no había cosas; mas ahora en un modo distinto porque si no hay cosas es porque han sido sustituidas por sus conceptos.
(...)

Y puede advenir que sin darse cuenta haga de sí propio -del hombre en cuanto tal o de sí mismo como individuo- el portador de un secreto: el secreto del Dios desconocido.
Un espacio vacío, inanimado, donde el hombre tiembla en soledad; una resistencia, suma de todas las resistencias de las realidades que las circunstancias físicas, históricas, le oponen, disociadas, desintegradas las dos, parecen ser los componentes de esta situación, en la cual el hombre tras de haber recorrido un largo ciclo de conocimiento viene a encontrarse.

(...)

Y así, cuando el hombre apura su soledad y cree al mismo tiempo que la realidad es él, él mismo, necesita hallar ese foco primario de realidad en sí o algo que él sienta en modo primario inmediato.
Y cuando esta realidad es sentida solamente en forma de resistencia, vuelve a encontrarse de nuevo el hombre bajo el Dios desconocido. Más ahora dentro de sí mismo.

(...)

La lucha con el Dios desconocido es una vuelta a la edad del sacrificio. (...) Saber sacrificar y sacrificarse es la suprema sabiduría del hombre, a quien no basta por lo visto la misericordia concedida por el Dios revelado, pues él se forja un dios que no perdona, al que presta diversas máscaras; en los días que corren: el futuro y el Estado. Y entonces el pensamiento ha de recomenzar su acción liberadora contra tales dioses insaciables. Y es difícil una filosofía que nos libere e la tiranía del futuro al par que nos lo haga asequible; es difícil, pero es indispensable."


María Zambrano, El hombre y lo divino, FCE, 2005, pp. 296 - 305.

jueves, 4 de junio de 2009

Zambrano -dialéctica de lo sagrado-




"En el modo de vivir humano es decisivo el tiempo. Y el tiempo en que vivimos parece ser el resultado de una escisión de un tiempo unitario en que el transcurrir no produjera la caída constante del presente en un fondo oculto, un tiempo unitario y múltiple albergue de lo real y de su germinación inacabable; un transcurrir mediador, manifestante, del que ha quedado una inevitable trascendencia que recoge la memoria en estado de esperanza. Y de donde brota el irresistible afán nacido de la nostalgia avivada por la esperanza, de haberlo perdido, que si en algún arte se refleja privilegiadamente, es en la poesía. Pues que ella tiende a procurar la posible resurrección desde este tiempo en decadencia donde nuestra vida se extiende en un avanzar que tanto tiene de huída y tanto de condenatorio."


martes, 26 de mayo de 2009

La voz de Zambrano -parte I- [ ¿Y los ecos de Nietzsche? ]

Ya a distancia del tiempo en que me decidí a escribir sobre ella, tras haber acabado las versiones finales de mi tesis, tras haber escrito el proyecto de maestría y con ello saber, en buena medida, cuál será el punto medular de mis reflexiones filosóficas institucionales por lo menos de aquí a dos años, siento que empiezo, apenas, a sentir realmente la influencia del pensamiento de María Zambrano.

Es algo bastante curioso porque casi siempre había pensado que su voz era el eco donde se encontraban las apuestas de Nietzsche, Heidegger, Spinoza, Plotino y algunos otros filósofos que casi siempre me han llamado la atención. Esto es un poco lamentable, no puedo negarlo, y por ello creo que tengo que aceptar que no es sino hasta hoy que logro ubicar de manera más o menos nítida su postura personal. Aunque también podría argüír que su voz no es precisamente la música más fácil de escuchar.

Y esto lo digo porque hoy día ya no creo en absoluto que su voz sea un mero eco, una repetición fantasmal de una voluntad ajena. Y a pesar que sigo encontrandola cerca de Nietzsche, creo vislumbrarla ya desde lugares muy lejanos de los que, en un principio, creía que eran el punto de encuentro entre el bigotón de Sils María y la malagueña exiliada.

Al principio, creo recordar, según mis primeros escritos sobre ella, suponía a su filosofía como deudora innegable del vitalismo nietzscheano; ese que invita a ubicar el conocimiento sobre el mundo en términos de vivencias y pasiones, y no desde el saber frío y lejano de las ciencias duras, o sea, un saber que predispone la vida a la creación afirmada a pesar del contexto trágico que pueda existir, y aunque la filosofía de Zambrano piensa lo humano en términos de creación y al mundo en términos de tragedia, cada vez la veo más lejos de Nietzsche.

Hoy tengo la sensación de que la creación afirmada -en eterno retorno- es una perspectiva netamente nietzscheana, una visión que está latente desde El nacimiento de la tragedia, que se agudiza con La gaya ciencia, y encuentra su final en el Zaratustra. Y si mal no recuerdo, esta idea queda en suspenso al final del Zaratustra y no aparecerá de nuevo sino hasta los parágrafos preparatorios para La voluntad de poder, cuando Nietzsche se encuentre al borde de la locura de la que no volverá. Porque el Nietzsche que viene después del Zaratustra es quizá el Nietzsche más oscuro, el más fuerte y destructor, el que siembra las sospechas que mejor moverán los cimientos del cristianismo y el racionalismo occidental: ahí están Genealogía de la moral, Más allá del bien y del mal y El anticristo, para dar un ejemplo de esto que digo. Es un Nietzsche totalmente ajeno a la creación, lejano en todo a su construcción con el martillo del pensar, que se sirve de dicha herramienta más para moler ruinas que para levantar ídolos. El pensar trágico no aparece en estos textos, la secuencia de estos libros es una serie de golpes para Occidente y aquí Nietzsche ni siquiera ofrece la opción salvífica de la poesía salvadora.

Con todo esto únicamente quiero hacer notar que el cúmulo de palabras de Nietzsche sobre el pensar trágico se puede resumir a dos cosas: afirmar la vida y la belleza de su abismo, o la otra, la realmente oscura, la de darse de tope con el lado terrible de las cosas, y ante ello, mofarse del mal desde el mal mismo, cambiando con este acto la genealogía de ese padecimiento, sí, pero no por ello se afirma que lo terrible desaparezca, simplemente se le incorpora, se le adhiere al cuerpo como una extremidad más. Esa es la cara más perversa de Nietzsche, la del sátiro Sileno, la que dice sí y dice no. La que dice sí en términos de masoquismo, y la que dice no, en términos de "nada pierdo", y que si se ríe ante ambas posturas es porque sabe de la felicidad que crece con el peligro -como diría Hôlderlin-.

Ahora bien, vamos con Zambrano. Zambrano está muy lejos de estas dos nociones, de estos dos modos de enfrentamiento ante la vida. Me parece que Zambrano es mucho más oscura que Nietzsche. En Zambrano no hay aves de presa, que son una figura con la que Nietzsche salva la vivencia gozosa del horror; para Zambrano construir el nido sobre el abismo es viable, mas no otorga ninguna felicidad. Zambrano es en el fondo una cristiana quizá en luto permanente. El mundo es un valle de lágrimas y al parecer nada lo va a cambiar: no lo hará Dios, pues ha muerto, y no lo hará el hombre, pues es una quimera flaca y débil, lo ha sido así hasta ahora. El mundo sólo crecerá en oscuridad y Zambrano lo sabe, la esperanza de la Aurora se queda como esperanza. No habrá revelación divina en este desierto, el superhombre es un rey mendigo que alucina poderes que jamás tendrá. Nietzsche y Hegel hacen lo mismo: delirar ante la barbarie de la noche oscura. Ambos están ávidos de dioses y eso los deja en un plano mucho más feliz que el que jamás ha de alcanzar Zambrano. Y a todo esto, ¿a qué viene esto?, ¿a qué viene la soledad de Zambrano? Creo que la soledad es una condición elemental para entender a Zambrano, la principal tesis de "Persona y democracia" es la que afirma que el hombre tiene que desembarazarse de proyectos políticos si estos amenazan contra su inherente libertad, y que de la democracia apenas y conocemos el nombre, pues la confundimos con cualquier estado liberalista-esclavista (pero creo que eso lo han venido repitiendo desde Hobbes, a pesar de los acentos, posturas y matices); lo que aporta Zambrano es el análisis contextualizado en una estructura sacrificial, donde la Historia y la Democracia fungen como dioses, y las personas como carne para sacrificio a dichas entidades; y ya en este ámbito, creo que lo más rescatable es aquello que dice de la soledad, la soledad del hombre ante el mundo. Es una especie de existencialismo con dos rayitas arriba en la tragicidad. La soledad es la versión personalista de la nada ontológica.

Si de algo supo Zambrano, fue de soledades, muchos tipos. Las padeció en España, en Chile, en México, en Cuba, en Suiza, en Italia y, al final como al comienzo, de nuevo en España. Todo su trayecto fue el de alguien que no encontró terreno firme al cual asirse, precisamente porque ya no lo hay, y su visión era demasiado profunda para poder pasar por entre ruinas con la sonrisa feliz y demente del Nietzsche dionisiaco o el Heidegger indiferente al mundo: el Heidegger resentido con el mundo sin Dios, él que siempre fue un teólogo frustrado -el Papa jubilado del Zaratustra-.

La soledad de Zambrano es, además, una soledad ante el mundo, que pierde el mundo total y se queda con apenas lo que las propias manos pueden agarrar de él.

En Zambrano hay un dolor por el mundo que se desploma y que no deja lugar a que otras visiones se asienten. Zambrano es más oscura que Nietzsche o que Heidegger, porque el dolor por el fracaso de Europa (Occidente) no desaparece a bien. Ante la muerte de Dios, el solitario de Sils María es un niño que sale a jugar al mundo, un niño que juega en la playa a construir castillos de arena en plena penumbra; sin embargo, Zambrano vacila en su andar, incluso en la aurora, zambrano, cuando se acerca a su soledad -dejando de lado su razón poética- sufre su camino a cada instante. No tiene, ni quiere tener, los pies ligeros de Zaratustra...

miércoles, 7 de enero de 2009

pagan poiesis


[La realidad originaria del hombre implica un modo de ser que por sí mismo no es algo definido, que no es nada en concreto sino más bien una apertura, una oquedad de ser que por ello requiere la búsqueda de un darse el ser a uno mismo mediante un tránsito por esta nada que nos constituye a nosotros los hombres y al mundo, ser uno poesía viviente, voluntad de poder ejecutada en la carne y el espíritu]

[-]

[
El místico puede servirse del cuerpo sonoro de la acción divina entre todas: a saber, del poetizar; pero sabe que donde realmente es él, es ahí donde desaparece en la vacuidad espiritual de la mudez más completa; en donde el desierto del mundo desprovisto de un telos y él mismo se funden en una unidad dispersa por el todo: el místico y la nada divinizada, manifiesta en este cosmos nihilista, son uno solo; el místico fluye por entre el desierto y él es ese desierto. ]

[escucho a Björk (All neon like) y así me siento, todo en neón, mientras escribo las últimas palabras sobre mi]...fuzzz... [ tesis sobre la nada y el eclipse de lo divino en María Zambrano.]

[interferencias]

viernes, 28 de noviembre de 2008

bienaventurado

el bienaventurado está condenado a no descansar, pues si se instala en la aventura será el cierre, la felicidad, la que no es admisible pues que limita la obra inmensa, infinita, la infinitud de los tiempos y su originalidad.

M Z
los bienaventurados son estrellas errantes. el bienaventurado está condenado al exilio, a la renuncia constante a la felicidad y estabilidad ofrecida por algún paraje amable y bello; busca, en cambio, el flujo, el movimiento oscilante entre las pasiones(pathos ), pero sobre todo, el baile y el vuelo sobre el abismo


C M






Don't sit there like some silly boy / If you wait too long it'll be too late / I'm not telling you something new / There ain't no time to lose / It's time for you to celebrate

So get down, beep beep, gotta get up outta your seat / (Get up, little boy)
Get down, beep beep, gotta get up outta your seat / (It's time, your world)
Get down, beep beep, gotta get up outta your seat / (Your life, your choice)
Get down, beep beep, gotta get up outta your seat / (It's time, live it up)

You don't have the luxury of time / You have got to say what's on your mind /Your head lost in the stars / You'll never go far / It's time for you to read the signs


(Here comes, my hand) (Take it, you can) (The time, is now) (I'll show, you how)


Say what you like / Do what you feel /You know exactly who you are /The time is right now /You got to decide /Stand in the back or be the star

I can't keep waiting for you /Anticipating that you've /No time to lose /I can't keep waiting for you /
Did you get that?
M