La aparición de Madonna en el Foro Sol el pasado fin de semana puede compararse con la manifestación de una diosa en el templo propio de su culto; cual si fuera una virgen que se muestra en un lugar privilegiado para la instauración de su adoración popular, o bien la adoración de la gente que cree en ella.
En más de un sentido, el concierto de Madonna reunió a los feligreses que esta peculiar divinidad contemporánea tiene en nuestro país. Esto se notaba tan sólo con ver los titulares de los periódicos nacionales, que asociaban el nombre de Madonna con motes como: Diosa, Diva, Reina, Su Majestad, etc.
Sin embargo, a mí me gustaría hacer énfasis en el carácter litúrgico que se sentía, porque era obvio que la gente que fue a sus conciertos este 29 y 30 de noviembre, parecía ir más con la actitud de llevar a cabo un acto religioso que con la idea de asistir a un mero acto de entretenimiento.
La gente iba y formaba filas para ver la aparición de la diosa par excellence de la cultura pop, y se comportaba de acuerdo a los estándares que ella misma parece representar como divinidad posmoderna.Madonna es la diosa del nihilismo capitalista y sus creyentes íbamos con la firme intención de demostrar que formamos parte de lo que ella simboliza: una cultura de consumo exacerbado que tiene su base en el hedonismo individualista y la autocomplacencia ególatra.
Dicho así, todo esto suena un tanto raro. A quién se le ocurre pensar que los conciertos de Madonna son actos religiosos, además suponer a la cantante como una diosa nihilista y máxima representación simbólica del capitalismo, o bien, a sus fans como feligreses desesperados por ver la aparición del objeto de su devoción. Yo me atrevo a decir a todo esto que sí. Sostengo que Madonna concentra, en su obra y en los fenómenos culturales que genera, una pulsión religiosa que sólo puede tener sentido si se contextualiza en el marco del nihilismo posmoderno.
Podemos insertar la obra de Madonna dentro de la tradición secularizada de representaciones religiosas en el arte moderno, quizá a base de muchas peripecias, pero este es justo el objetivo de esta reflexión.Insisto en verla a ella y a sus piezas de pop como arte religioso secularizado porque veo que en sus canciones, videos, fotografías, discos, etc., se entrecruzan representaciones simbólicas de religiosidad que se ven atravesadas por un velo de profanación.
Quizá el mejor ejemplo de todo esto lo ha hecho David Lachapelle con obras que el fotógrafo estadounidense realizó para Madonna misma durante la promoción de Ray of Light. Éstas juegan con el culto religioso en dos sentidos. Por un lado explotan el culto popular rendido a Madonna como un ícono de la actualidad, y por el otro lado, las imágenes están plagadas de simbolismos que refieren a religiones antiguas como el Islam, ciertos tipos budismo, y algunos dejos de la tradición judeocristiana.

Sin embargo, y en ello consiste la genialidad de Lachapelle, estas piezas consiguen un equilibrio perfecto entre los elementos propios de la fotografía pop/rock y la articulación plástica de las representaciones religiosas, y entre ambas perspectivas aparece la imagen de Madonna como una diosa que trasciende tiempos y épocas.
¿Por qué situar a Madonna en términos de arte religioso? Pues bien, en lo que a religión se refiere al menos podemos atribuir el carácter de culto público que se le rinde, no sólo al momento de generar productos culturales de consumo masivo, sino también por el hecho de generar experiencias que se viven en terrenos en que se juega tanto lo público como lo privado, es más, donde incluso una y otra cosa se mezclan y se confunden.Digo esto porque es evidente que a una figura pop como Madonna no se le rinde homenaje únicamente cuando se aparece en este país. A este tipo de íconos se les rinde tributo en la media en que sus creaciones forman parte de la vida diaria de la gente que cree en ellas.
Así, el culto a Madonna no está en las iglesias evidentemente, sino en el antro, en la fiesta, el los malls, en las tiendas, en los desmas comunes en los que su música o las ideas que ella representa se inmiscuyen.En un horizonte histórico como éste, tan privado del orden religioso que en otros momentos caracterizó a Occidente, Madonna puede verse incluso como una especie de Virgen posmoderna.
Probablemente no se repare mucho en ello estando inscritos en una cultura apegada al régimen del sistema católico, como es el caso de México. Pero ante esto hay que acentuar la perspectiva protestante y la del cristianismo primitivo para hacer notar hasta qué punto la imagen de la Virgen es una imagen propia del paganismo y los sincretismos religiosos que dio pie a la imposición de la religión judeocristiana en el mundo entero.
Basta recordar el caso de la Virgen de Guadalupe, cuyo culto involucra lo mismo a la tradición judeocristiana (católica) que a cierta cosmovisión propia del mundo prehispánico condensada simbólicamente en la figura de Tonantzin Tlalli.
En resumen, la adoración occidental de las vírgenes (de Guadalupe, Santa María de Los Buenos Aires, del Carmen, etc.), sean cuales sean y sin importar el lugar de su aparición, se circunscribe en una interpretación que tiene su origen en intuiciones paganas de lo divino, mismas que se someten a la visión del sistema del catolicismo y luego postulan puntos de unión a través de la mezcla de imágenes y símbolos que puedan ser útiles para lograr una fusión de horizontes de comprensión de eso divino que ahí se pone en juego.
Pues bien, me atrevo a pensar que esto mismo sucede con la figura de Madonna en el horizonte actual. Insisto: Ella es una Virgen posmoderna que tiene como culto a una conglomeración de nihilistas que rinden tributo a cualquier cosa que logre darle algún sentido a sus vidas.
Ella es la personificación más elevada del nihilismo en la actualidad, es la Diosa nihilista en su más acabada aparición.
Madonna es una figura simbólica religiosa en la cultura posmoderna; y como todo símbolo religioso consigue unir a la gente (“makes the people come together”) ya sea en un concierto o en un instante de éxtasis en la fiesta, (recordemos que el significado de la palabra religión es comunión de un pueblo o un cúmulo de gente).
Pero ¿qué es lo que Madonna logra religar?, a mi parecer logra reunir a un séquito de almas sin otro destino que el nihilismo y el vacío existencial, que a falta de un credo auténtico orientan el sentido de su vida al hedonismo y la cultura de consumo, afianzada en el individualismo exacerbado. Y ésta es una unión paradójica porque estos individuos difícilmente pueden entablar relaciones estrechas entre sí.
Sin embargo, a través de la mediación que una figura simbólica como Madonna involucra, esta ruptura consigue articular algunos puntos de unión que se manifiestan en lugares como los que ya he mencionado.
Notas:
1. Aclaro, de paso, que aquí entiendo religiosidad tal como se usa el término en la antropología de las religiones y en la filosofía de la religión, es decir, como un sentir manifiesto hacia algo que se considera sacro, y religión como la cosmovisión que mantiene unida a un cúmulo de personas o pueblos. Esto para evitar comentarios fuera de lugar con una argumentación dogmática apegada a algún credo en particular, como el catolicismo o similares.
2. No me interesa poner ni a discusión ni a tela de juicio las implicaciones socioeconómicas que su figura representa para la industria cultural actual ni las repercusiones ideológicas y fácticas que esto supone. Tal perspectiva es demasiado fácil de abordar: Madonna significa una mina de oro por donde sea que se le vea, y es la figura más emblemática del consumismo de la cultura moderna, y en ese sentido también de la irresponsabilidad ante la barbarie del capitalismo. Sin embargo, subrayo, esa postura es la más fácil de ver y está por demás estudiada. Por ello mismo trato de ensayar un viraje en la forma de verla al interior de la crítica de la cultura occidental contemporánea y enfatizar en que esta religión del capitalismo y el hedonismo encuentra en ella a su mejor símbolo, aunque esto no necesariamente tiene las implicaciones negativas que argumentan las críticas, ya que su culto (como el de todas las figuras más emblemáticas del rock y el pop) al menos logra fungir como un paliativo de sentido en el nihilismo, valga para lo que valga.