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martes, 30 de agosto de 2011

las 7 ½ antes de la cena

En este momento (tengo las 7 ½ antes de la cena) sólo puedo anotar que el pasado es hermoso porque uno nunca comprende una emoción en su momento. Se expande más tarde, y por tanto no tenemos emociones completas respecto al presente, sólo respecto al pasado. Recordaré esto; y le sacaré más jugo(...). Ésa es la razón por la que reflexionamos en el pasado, creo.[1]



[1] Virginia Woolf, Diarios 1925 -1930, (miércoles 18 de marzo 1925), Edición de Anne Oliver Bell, Traducción de Maribel de Juan, Ediciones Siruela, Madrid, 1993, p. 23.


martes, 1 de junio de 2010

El descubrimiento del tiempo

"time goes by...
so slowly..."



Quizá no exista ninguna experiencia que preste mayor madurez al hombre que su descubrimiento del tiempo. Esta verdad fundamental no nos es evidente, no está situada en primer plano, y si en algún instante sentimos su leve paso, bien pronto lo olvidamos sumergiéndonos en él. Pues el tiempo, como quizá toda otra realidad para ser enteramente y claramente percibida, exige alguna otra distinta desde la cual pueda ser abarcada. Que nuestra vida es tiempo, es cosa que se advierte en ciertos momentos de madurez, cuando por una parte nos va quedando ya poco, y por otra, hemos tocado con alguna extremidad de nuestra alma, algo intemporal.Heráclito, quien acentúa como nadie el pensamiento griego, la melancolía del perpetuo pasar de las cosas, su fugitiva condición, acentúa también su unidad, la unidad más allá de ellas, aunque esta unidad no sea ideal, sino que se dé en alguna materia: fuero. Y sería curioso advertir cómo todo aquel que nos ha hablado del tiempo lo ha hecho acentuando algo no temporal. Pues que lo que mira correr el tiempo, ya no es tiempo propiamente.

Porque si toda vida es tiempo, la evidencia de esta realidad se nos hace presente en determinados trances, en un cierto momento, cuando algo ha dejado de ser, cuando algo nos ha abandonado. Entonces, en el hecho de su presencia aparece negro el telón del tiempo.

Indudablemente, el descubrimiento del tiempo no puede verificarse más que en un momento negativo dentro de la propia vida, en que hemos perdido alguna cosa que lo estaba llenando; el tiempo es la sustancia de nuestra vida y por lo mismo está bajo ella, como fondo permanente de todo lo que vivimos; descubrir ese fondo tiene algo de caída que sólo tiene lugar en un especial estado de angustia, desengaño o vacío. Descubrir el tiempo es descubrir el engaño de la vida, su trampa última; es sentirse forzosamente, en un instante al menos, como un muchacho engañado a quien le cae la verdad.Es, así, un entrar en razón. Por algo Heráclito, que tan exacto sentido tiene del tiempo, nos habla en ese paternal tono de reprimenda. Al ponernos delante la evidencia del correr incesante de las cosas, nos está haciendo "entrar en razón".
Pero el que esta experiencia tenga un sentido histórico, una trascendencia, es también una experiencia histórica. Es decir, es principalmente eso, pues que el descubrimiento del tiempo no siempre aprovecha. Hay épocas en que los hombres pueden permitirse el lujo de vivir ignorándolo; son los momentos en que históricamente somos niños o jóvenes y hasta hombres maduros embriagados por las ilusiones, por el juego y hasta por el trabajo. Son las épocas llenas, en que el hombre no desengañado, sino sostenido por el mundo se puede dar el lujo del engaño.

Séneca vivió un momento propicio para descubrir el tiempo. El mundo, es cierto, estaba lleno, lleno como nunca de esplendor, poderío, de ocio y de negocio. Pero como todo ello no estaba sostenido por una condición firme, al fin, un día u otro tendía que acabarse. Era el momento en que el mundo antiguo llegaba a su término, a los confines de su horizonte, lo cual se muestra en muchos síntomas, entro otros en el retroceso que significa el mismo estoicismo y la creciente desesperación de la gente mejor que la llevaba a veces al mismo suicidio; y el tedio cuya huida era la más constante ocupación de las gentes afortunadas.

Entonces, cuando las ocupaciones nos muestran su esencial vacuidad y los placeres su dispersión, descubrimos el tiempo. El tiempo se descubre en realidad en momentos de desamparo; cuando el hombre siente bajo la tutela de una creencia máxima, unitaria y que recoge y sostiene a todas las demás, que es como la fuente de todas las demás creencias. Mientras estamos bajo ellas las cosas pueden correr hacia la destrucción y nosotros mismos con ellas, pero la creencia radical y última nos traerá algo así como una seguridad intemporal que nos curará por anticipado de la melancolía del tiempo.

Pero todavía más, cuando tenemos esta creencia última y unitaria, la propia seguridad que nos inspira nos lanza hacia la acción, sea esta acción la que sea, la contemplación misma, pues no tiene por qué ser acción atropellada ni inquieto ir y venir, sino al revés, verdadero actuar que modifica las cosas. Y esto, la acción verdadera es la única que mata el tiempo, un acto de fe o un acto de voluntad o de contemplación pero un acto, pues todo acto es en realidad unéxtasis. Nada más exótico que la acción verdadera, pues ella detiene el tiempo. Y de ahí que los místicos hijos de Plotino afirmen que la mayor acción es la contemplación.

Y así, Séneca lo primero que recomienda es la administración del tiempo. Y su moral, esa moral, como todo lo suyo, a la defensiva del tiempo y del poder, no es la de la quietud como podría parecer a primera vista que sea en un estoico. Es la moral de la actividad; y su primera regla es el trabajo; el sabio no puede permanecer jamás inactivo, pues siempre puede hacer algo; Séneca lo justifica por el bien de sus conciudadanos unas veces, por el entretenimiento del tiempo en realidad, siempre la necesidad de "matar el tiempo".

Las Cartas a Lucilo comienzan con una meditación sobre el empleo que hemos de dar al tiempo. "Haz de suerte, mi querido Lucilo, que el tiempo que se tiene la costumbre sustraernos o el que tú mismo dejas escapar, administres y cuides." "Pues la peor de todas estas pérdidas es la que llega por nuestra negligencia. Si te dispones a considerarlo, encontrarás que la mayor parte de la vida se va en hacer mal, gran parte en no hacer nada y toda ella en hacer otra cosa distinta de la que se debería." Es el primer consejo, la primera reflexión de esta "Guía", de este tratado, el más sistemático de cuantos Séneca escribiera y uno de los más sistemáticos de la tradición española en que está como si en lenguaje castellano hubiera sido escrita. Es la tradición sabiamente popular de las "Guías"; la de Molinos, la del Padre Granada, losEjercicios de San Ignacio, de Quevedo el tratadito desdeñado De la cuna a la sepultura y aún en la Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno. Séneca, llegando al límite de lo soportable de abstracción sistemática para una mente española, comienza haciéndose caer en esta realidad del tiempo. No es una verdad la que nos presenta, sino una conversación; pide que nos convirtamos a esta realidad fundamental y última, las realidades últimas de quien ha perdido todas sus creencias.

Ahora en nuestros días se ha vuelto a descubrir el tiempo dentro del pensamiento filosíofico, en el historicismo del XIX primero, en Ortega y Gasset después, ya en las primeras páginas de su obra; después en Heidegger. Porque vivimos un momento de radical soledad también sin padre, sin una última creencia. No pudo, en cambio, descubrirlo Descartes en su soledad, porque en realidad no era soledad última, que de haberlo sido no hubiese descubierto la conciencia, sino el tiempo que la envuelve.

MARÍA ZAMBRANO, en SÉNECA, EDICIONES SIRUELA, 1994.


El descubrimiento del tiempo en Pink Floyd

El descubrimiento del tiempo en Fever Ray

El descubrimiento del tiempo en Ely Guerra