"Que me devuelvan el clítoris
Que me demarquen el pubis
Yo __ la lloroncita de la patria
La mas bestial de todas las posiciones
_____ la encarcelada por el cielo
La única estrella huacha de aquí
La iluminada por gendarmería
La alimentada por el placer estatal
La porfiada / sarcástica
La chorreada / poética
La enrabiada / celosa
La que piden a gritos por estas murallas del miedo"
(Poesía carcelaria, Diego Ramírez)
Un fenómeno curioso ocurre en este país: es sorprendente, pero algunos de los documentos más interesantes de la poesía contemporánea han salido de los reclusorios. El literato Rafael Pérez-Gay (cuyo apellido no tiene nada que ver con sus preferencias sexuales), ha afirmado en varias exposiciones -algunas veces en tono de broma y en otras no tanto- que es interesante que esto ocurra, pues aquí la poesía funge como demanda de una voz que no se les da a los presos. No obstante, es preocupante para la mediocre situación de la poesía contemporánea que no se hace dentro, ni quiere reflejar ese tipo de crudas realidades.
Señalo esto dentro del marco de las recientes noticias sobre José Luis Calva Zavala, "el poeta canibal", porque obviamente tiene qué ver con él.
Ahora que entra al proceso penal, José Luis Calva Zepeda se enfrenta al reto más grande de su existencia como chivo expiatorio del nihilismo social, porque en la carcel tendrá que enfrentarse con lo que ahora podría ser su mayor miedo: Los concursos nacionales de poesía carcelaria.
Aquí, "el poeta canibal" tendrá que competir con la Narcosatánica, - Sara María Aldrete Villarreal-, ganadora en varias ocasiones del concurso de cuento José Revueltas, al que cada año se convoca a la población interna de los reclusorios del país. Mismo premio que se disputó ni más ni menos que con Sergio Andrade cuando éste se encontraba preso.
Así pues, Calva Zavala tendrá que enfrentar sus poemas de la tortura y muerte contra las apuestas de La Narcosatánica y varios reincidentes más que han entrado y salido de los talleres de lectura del "Faro de Oriente" y las casas de rehabilitación social similares que se instalan con ése fin en las zonas marginales del país. Entrar y salir, porque muchos de ellos deambulan de las casas de cultura a los reclusorios a los que los confinan.
Señalo esto siguiendo una denuncia que se oye poco, pero cada vez más en el circuito de los aficionados a las letras: la preocupante situación de que la poesía mexicana no tiene grandes propuestas para el nuevo milenio, al menos no la poesía que se hace en San Ángel, la Roma o la Condesa (y aquí incluyo narrativa, lírica, novela, cuento, y el largo etc.).
Sin embargo, es claro que al "poeta canibal" le queda largo camino por recorrer en lo que a letras se refiere. Sus escritos distan mucho de estar a la altura de sus referencias: sus actos de poética violencia. Dentro de la cárcel, es seguro que se encontrará con por lo menos estos dos retos: por un lado, tendrá que demostrar que merece el título de poeta; y por otro, habrá que ver si no es literalmente tragado por los demás reclusos a sabiendas de los antecedentes criminales que lo llevan tras las rejas. En este punto, cabe la pregunta de si acaso Calva Zavala podrá realmente conservar su título de "poeta canibal" dentro del circuito de creadores de poesía más peleado en el país. Porque de no lograr afinar sus trazos y sus palabras, la memoria colectiva lo confinará a los poco recordados registros hemerográficos de la nota roja, y lo hará pensándolo sólo como canibal, y en ningún caso como poeta, impidiendo así que logre entrar a las filas dentro de las "grandes plumas" de esta nación tan poco letrada, y tan tan canibal.