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miércoles, 17 de marzo de 2010

Revolution (art) is my Boyfriend [Labruce DIXIT] - Versión Octavio Paz






1]


La ironía consiste en desvalorizar al objeto; la metaironía no se interesa en el valor de los objetos, sino en su funcionamiento. Ese funcionamiento es simbólico: amor/humor... la metaironía nos revela la interdependencia entre lo que llamamos «superior» y lo que llamamos «inferior» y nos obliga a suspender el juicio. No es una inversión de valores, sino una li­beración moral y estética que pone en comunicación los opuestos. Duchamp cierra el período iniciado por la ironía romántica y en esto su obra tiene una indudable analogía con la de Joyce, otro poeta de cosmogonías cómico-eróticas. En el primero: crítica del sujeto que mira y del objeto mirado; en el segundo, crítica del lenguaje y de lo que habla en el lengua­je: los mitos y los ritos del hombre. En ambos la crítica se vuelve creación, como quería Mallarmé; una creación que consiste en el renversement de la modernidad con sus propias armas: la crítica, la ironía. La mo­dernidad más moderna, la industria, es la más antigua: la otra cara del mito erótico. Fin del tiempo lineal o, más exactamente, presentación del tiempo lineal como una de las manifestaciones del tiempo. Las dos obras más extremas y «modernas» de la tradición moderna son también su límite, su fin: con ellas y en ellas la modernidad, al realizarse, se acaba.

Amor/humor y magia/política son formas que adopta la oposición cen­tral: arte/vida. Desde Novalis hasta los surrealistas, los poetas modernos se han enfrentado a esta oposición, sin lograr ni resolver ni disolverla.

La dualidad asume otras formas: antagonismo entre lo absoluto y lo relativo o entre la palabra y la historia. Góngora, desengañado de la historia, cam­bia a la poesía porque no puede cambiar la vida; Rimbaud quiere cambiar a la poesía para cambiar la vida. Casi siempre se olvida que el poema que consuma la revolución estética de Góngora, Soledades, contiene una dia­triba contra el comercio, la industria y, sobre todo, contra la gran hazaña histórica de España: el descubrimiento y la conquista de América. La po­esía de Rimbaud, por el contrario, tiende a desembocar en el acto. La alquimia del verbo es un método poético para cambiar a la naturaleza hu­mana; la palabra poética se adelanta al acontecimiento histórico porque es productora o, como él dice, «multiplicadora de futuro»1; la poesía no sólo provoca nuevos estados psíquicos (como las religiones y las drogas) y li­bera a los pueblos (como las revoluciones) sino que también tiene por mi­sión inventar un nuevo erotismo y cambiar las relaciones pasionales entre los hombres y las mujeres. Rimbaud proclama que hay que «reinventar el amor», tentativa que hace pensar en Fourier. La poesía es el puente entre el pensamiento utópico y la realidad, el momento de encarnación de la idea. La poesía es la verdadera revolución, la que acabará con la discordia entre historia e idea. Pero la última palabra de Rimbaud es un extraño tes­tamento: Una temporada en el infierno. Después, silencio.

En el otro extremo, pero empeñado en la misma aventura y como otro ejemplo de la común tentativa, Mallarmé busca ese momento de conver­gencia de todos los momentos en el que pueda desplegarse un acto puro: el poema. Ese acto, esos «dados lanzados en circunstancias eternas», es una realidad contradictoria porque, siendo un acto, es también un no-acto. Y el lugar en que se despliega el acto-poema es un no-lugar: unas circunstancias eternas, es decir, no-circunstancias. Lo relativo y lo absoluto se funden sin desaparecer. El momento del poema es la disolución de todos los momentos; no obstante, el momento eterno del poema es este momento: un tiempo único, irrepetible, histórico. El poema no es un acto puro, es una contingencia, una violación del absoluto. La reaparición de la contingencia, a su vez, es sólo un momento de la rotación de los dados, ya confundidos con el rodar de los mundos: el absoluto absorbe al azar, la singularidad de este momento se disuelve en una infinita«cuenta total en formación». Violación del universo, el poema es asimismo el doble del universo; doble del universo, el poema es la excepción2.

La oposición arte/vida, en cualquiera de sus manifestaciones, es insoluble. No hay otra solución que el remedio heroico-burlesco de Duchamp y Joyce. La solución es la no-solución: la literatura es la exaltación del lenguaje hasta su anulación, la pintura es la crítica del objeto pintado y del ojo que lo mira. La metaironía libera a las cosas de su carga de tiempo y a los signos de sus significados; es un poner en circulación a los opues­tos, una animación universal en la que cada cosa vuelve a ser su contrario. No un nihilismo, sino una desorientación: el lado de acá se confunde con el lado de allá. El juego de los opuestos disuelve, sin resolverla, la oposi­ción entre ver y desear, erotismo y contemplación, arte y vida. En el fon­do, es la respuesta de Mallarmé: el instante del poema es la intersección entre lo absoluto y lo relativo. Respuesta instantánea y que sin cesar se deshace: la oposición reaparece continuamente, ya como negación de lo absoluto por la contingencia, ya como disolución de la contingencia en un absoluto que, a su turno, se dispersa. La no-solución que es una solución, por la misma lógica de la meta-ironía, no es una solución.

1 Carta a Paul Demeny, Lettre du voyant, Charleville, 15 mayo 1871.

2 Un Coup de dés se publicó por primera vez en 1897.


2]



- [Joyce]: Ves, Andy, Paz sabe bien lo que yo hice con la cultura, ¿por qué crees que no te menciona a ti y sí a Duchamp?

-[Warhol]:¡¿Qué?!, de qué demonios hablas Jimmy, nunca entiendo un carajo de lo que dices. Además, ¿quién vergas es ese tal Paz, un nuevo diseñador, un dealer, o por qué habría de importarme lo que él dice, acaso es rico, un burgués idiota medio mecenas adicto desos que me acosan en el ´54?

-[J]: ¿Qué no escuchaste lo que Octavio Paz acaba de decir de mí y de Duchamp?, está hablando de arte y revolución en un sentido extraño pero interesante...

-[W]: ¡Jimmy!, no me jodas, no ves que la pinche bitch de la Woolf me robó mi chamarra de vinyl rojo. !Maldita lencha faggotfóbica!, en cuanto la encuentre la ahogaré yo mismo en la tarja del fregadero y la remataré con las putas piedras que llevaba en su abrigo. O ya sé, le diré a mis amigas Barbie Ninja y Barbie Dentista que se ocupen de ella, sí, eso haré, siguen molestas desde ese día que la Woolf las dedeó mientras dormían.... [risa malévola con rencor]

-[J]:...... ¿?



3]

(epílogo):

[Woolf]: Ah, malditos maricones, será que algún día podré librarme del ofuscado acoso de su presencia. Sin duda, mi revolución antimaricones empezará pronto. Lo puedo sentir en la brisa y en el hilvanado viento que agita esta vulgar chaqueta que, no sin asco pero con gatuna astucia, le robé a esa criada americana que es Warhol. La quemaré, le pediré ayuda a los playmobils, los amenazaré con lecturas de mis diarios o de Las olas, no, mejor les diré que si no le prenden fuego, les leeré de memoria el pasaje más largo en el que -prácticamente- no describo nada en Ms. Dalloway. No podrán resistirse,.... [risa malévola]