Desde mi regreso de las tierras del socialismo, no dejo de ver revoluciones por todos lados (revoluciones en velocidades muy distintas a las que vi allá, aclaro): algunas sometidas a códigos castrados y caducos; algunas volátiles y hermosamente peligrosas; ⊗tras mutantes y marcadas por la emergencia de tiempos sombrí⊗s; y las mejores -esta va para un guapo culichi en concreto- devastadoras y colosales en el ámbito más importante: los afect♥s.
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"El arte y la ciencia tienen una potencialidad revolucionaria, y no otra cosa... esta potencialidad aparece tanto más cuando uno menos se pregunta por lo que quieren decir, desde el punto de vista de los significados o de un significado forzosamente reservado a los especialistas" (...) "los códigos y sus significantes constituyen conjuntos estéticos, caracterizados por finalidades, escuelas y épocas, los relacionan con los conjuntos sociales más vastos que allí hallan una aplicación y por todos lados esclavizan al arte a una gran máquina de soberanía castradora."
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El EZLN: de esos acontecimientos que dan qué pensar y que -en muchos modos- dislocan los ejes aleatorios de mi desencantado corazón posmoderno.
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Tesis XV
Qui le croirait! On dit qu’irrités contre l'heure
De nouveaux Josués, au pied de chaque tour,
Tiraient sur les cadrans pour arrêter le jour.*
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*¡Quién lo creería! Se dice que, irritados contra la hora
Nuevos Josués, al pie de cada torre,
Disparaban sobre los cuadrantes para detener el tiempo.
Walter Benjamin - Sobre el concepto de historia
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Las revoluciones hacen visible la ruptura del continuum lo simbolizan con el acto de comenzar un nuevo recuento de los años
Cromwell
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Devenir revolucionario es mucho más importante que el futuro de la revolución
Los franceses son demasiado humanos, demasiado históricos, están demasiado preocupados por el futuro y el pasado. No hacen más que pararse a recapitular. No saben devenir, piensan en términos de pasado y de futuro históricos. Incluso tratándose de la revolución, más que en un devenir-revolucionario piensan en un «futuro de la revolución». No saben trazar líneas, seguir un canal. No saben perforar, limar la pared. Les gustan demasiado las raíces, los árboles, el catastro, los puntos de arborescencia, las propiedades. Véase si no el estructuralismo: un sistema de puntos y de posiciones que, en lugar de proceder por crecimientos y estallidos, actúa por grandes cortes llamados significantes, y que obstruye las líneas de fuga en lugar de continuarlas, de trazarlas, de prolongarlas en el campo social.
Gilles Deleuze (et Claire Parnet) - Diálogos
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Deleuze le hace un guiño a Nietzsche, quien ha escrito una obra con el título Humano, demasiado humano, para hacer referencia a la concepción del hombre que resulta de la modernidad europea ilustrada. La empresa del Renacimiento y de la Conquista de América, que se desplegó bajo la consigna “plus ultra” (más allá) y que rompió los límites de la Europa feudal, pareció asentarse sobre la base segura de la razón con el Iluminismo del siglo XVIII. Este es el modelo “demasiado humano” y “demasiado histórico” al que Deleuze opone la empresa activa y creadora de la literatura. La literatura es lo que nos permitiría ir más allá de los límites autoimpuestos por la razón ilustrada. “Demasiado histórica” es la posición desarrollada durante el siglo XIX por las filosofías de la historia y por las escuelas históricas. Si la ilustración ha sujetado las potencialidades del hombre a la razón, las escuelas históricas las han sujetado a lo dado, a los hechos pasados o presentes, que consuman el sentido de la historia toda. Las escuelas y las filosofías de la historia conciben el tiempo según una línea de continuidad; la literatura, en cambio, proyecta la acción desde los quiebres, desde los momentos de discontinuidad, desde las rupturas. Ésas son las líneas de fuga. En la literatura se trata de seguir estas líneas, que no son progresivas, sino quebradas, discontinuas. En este punto hay que aprender las enseñanzas del psicoanálisis, para el cual no interesan las racionalizaciones, la coherencia en las explicaciones, sino precisamente lo contrario: esos momentos sin sentido, los lapsus, los actos fallidos, los olvidos. Esas rupturas permiten pasar al otro lado, pensar de otro modo y vivir de otro modo, sentir de otro modo.
Ricardo Etchegaray
El EZLN: de esos acontecimientos que dan qué pensar y que -en muchos modos- dislocan los ejes aleatorios de mi desencantado corazón posmoderno.
El comunicado en La Jornada es, sin lugar a dudas, una denuncia/demanda política; en otro contexto haría énfasis en su hechura y evocaciones literarias, hoy simplemente me conformo con traerlo al pensamiento y, con suerte, como medio para reparar de nuevo en que hay revoluciones pendientes que no tienen nada que ver con la versión autorizada de ese mito hoy inservible sobre el que se ha erguido el Estado Mexicano y que, como por efecto de fuerzas misteriosas, tantos creyentes de la Revolución invocan en una segunda venida de Zapata u otros mesías afines.
Más allá de que no creo que sea necesaria una Segunda Venida (Tercera, dirán, los creyentes de la Independencia), la tan esperada Revolución del 2010, que -como es notorio- no vino, ni tenía por qué venir (1810/1910 son lecturas arbitrarias de acontecimientos sumados en una interpretación parcial y torpe), lo que sí creo es que hay más trincheras de las que parecen existir y más de las que se nos ofrecen en los sitios que tantas personas procuran mantener como lugar privilegiado para dar trabajo a nuestras buenas conciencias y nuestras buenas acciones.
Si algo me ha gustado/con-movido de este comunicado es esa invitación a la resistencia (a pesar del tono trágico). ¿Y qué es lo que podemos tomar como tarea para pensar? Mi sugerencia -la retomo particularmente de María Zambrano-, la Historia: toda historia oficial no puede existir sin esa estructura trágica y sacrificial en la que las personas se entregan a fines trascendentes para salvar al pueblo (incluso al pueblo por venir), y en medio de ese proceso tiene que ser suprimida su vida en aras de un bien mayor, colectivo, que vendrá a justificar todo el horror padecido. Ese es el infierno historico que han señalado tantos pensadores, y del que sigue habiendo hordas enteras de víctimas. Joyce apuntaba que la Historia era la pesadilla de la que era necesario despertar, pero, ¿cómo despertar de la pesadilla histórica? Con revoluciones. Una revolución no es necesariamente una suma de acontecimientos de alcances épicos, una re-fundación de pueblos. Revolución es resistencia, negarse a aceptar el metarelato histórico como el único posible para habitar. Crear es resistir, generar condiciones para que las cosas aparezcan de otro modo: eso es también pensar. Pensar es resistir al presente cuando se presenta como una única imagen del mundo, pensar es darse el valor de no tomar como hechos certeros los discursos imperantes que someten la realidad a una interpretación ya siempre castrada e infertil.
Y aunque no dejo de lado que la filosofía académica tiene aquí el privilegio de la formación y el uso del aparato crítico, sería ingénuo suponer que sólo hay pensamiento en los libros de filosofía: el pensamiento es algo tan volatil e intempestivo que no tiene un sitio "natural", puede acontecer en cualquier lugar: el arte, la política, la ciencia, etc; incluso, por raro que suene, puede acontecer en cualquier ser humano. Porque pensar es más que tener un flujo de sonidos articulados en la conciencia, pensar no es que haya palabras en nuestra cabeza, pensar es producir mundo.
Ayer reparaba en una plática que tuve hace un par de años con mi profesora gurú, y donde yo me quejaba de Heidegger por servirse tanto del trabajo de otros filósofos siendo a su vez tan poco justo con ellos, hoy tengo que ser justo con Heidegger; ella me decía -y ahora no puedo negarlo- que Heidegger era piedra de toque de la filosofía en nuestros días porque había re-descubierto no sólo la necesidad de volver sobre la ontología sino también por hacer énfasis en las potencias creadoras/poéticas del pensamiento en estos tiempos tan dados a la cerrazón de comprensiones del mundo.
Si bien es cierto que no son pocos los que fácilmente critican a Heidegger por sus deslindes de la política, habría que decirles a todos ellos que no hay nada más revolucionario que el verdadero pensar, y eso es lo que la realidad reclama tanto en estos días. No se trata de dejar de comprar en Wal-Mart, se trata de dar cabida a otros mundos, dejar ser a lo otro -han dicho tantos-.
Contra Marx hay que decir que pensamiento es acción, pensar, más que el filosofar (que es simplemente otra cosa), es desocultar las tantas otras realidades por darse, y si en este regalo de ideas no pueden ver sino ideología, la culpa no es de Heidegger, sino del ímpetu de someterse a mitos y relatos que no tienen otro motivo que la castración y el dominio. Creo que en cierto modo, lo que pide aquí el EZLN es más o menos lo mismo que hicieron Kant, Nietzsche, Heidegger, Foucault, Deleuze y muchos otros filósofos -cada cual a su modo-: una invitación a revolucionar la realidad, o lo que es lo mismo, una invitación al pensamiento. Y esta invitación tiene como motivo algo más que el pensar, tiene toda la intención de hacer desaparecer el actual presente. La revolución es intempestividad: pensar desde el pasado, contra el presente, para el futuro.
Tesis XV
La conciencia de hacer saltar el continuum de la historia es propia de las clases revolucionarias en el instante de su acción. La Gran Revolución introdujo un nuevo calendario. El día con el que comienza un calendario actúa como un acelerador histórico. Y es en el fondo el mismo día que vuelve siempre en la figura de los días festivos, que son días de rememoración. Los calendarios miden el tiempo, pero no como relojes. Son monumentos de una conciencia histórica, de la cual en Europa, desde hace cien años, parece haberse perdido todo rastro. Todavía durante la Revolución de Julio se registró un episodio que mostraba a esa conciencia saliendo por sus fueros. Cuando cayó la noche del primer día de combate ocurrió que en muchos lugares de París, independientemente y al mismo tiempo, hubo disparos contra los relojes de las torres. Un testigo ocular, cuyo acierto resultó tal vez de la rima, escribió entonces:
Qui le croirait! On dit qu’irrités contre l'heure
De nouveaux Josués, au pied de chaque tour,
Tiraient sur les cadrans pour arrêter le jour.*
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*¡Quién lo creería! Se dice que, irritados contra la hora
Nuevos Josués, al pie de cada torre,
Disparaban sobre los cuadrantes para detener el tiempo.
Walter Benjamin - Sobre el concepto de historia
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Las revoluciones hacen visible la ruptura del continuum lo simbolizan con el acto de comenzar un nuevo recuento de los años
Cromwell
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Devenir revolucionario es mucho más importante que el futuro de la revoluciónLos franceses son demasiado humanos, demasiado históricos, están demasiado preocupados por el futuro y el pasado. No hacen más que pararse a recapitular. No saben devenir, piensan en términos de pasado y de futuro históricos. Incluso tratándose de la revolución, más que en un devenir-revolucionario piensan en un «futuro de la revolución». No saben trazar líneas, seguir un canal. No saben perforar, limar la pared. Les gustan demasiado las raíces, los árboles, el catastro, los puntos de arborescencia, las propiedades. Véase si no el estructuralismo: un sistema de puntos y de posiciones que, en lugar de proceder por crecimientos y estallidos, actúa por grandes cortes llamados significantes, y que obstruye las líneas de fuga en lugar de continuarlas, de trazarlas, de prolongarlas en el campo social.
Gilles Deleuze (et Claire Parnet) - Diálogos
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Deleuze le hace un guiño a Nietzsche, quien ha escrito una obra con el título Humano, demasiado humano, para hacer referencia a la concepción del hombre que resulta de la modernidad europea ilustrada. La empresa del Renacimiento y de la Conquista de América, que se desplegó bajo la consigna “plus ultra” (más allá) y que rompió los límites de la Europa feudal, pareció asentarse sobre la base segura de la razón con el Iluminismo del siglo XVIII. Este es el modelo “demasiado humano” y “demasiado histórico” al que Deleuze opone la empresa activa y creadora de la literatura. La literatura es lo que nos permitiría ir más allá de los límites autoimpuestos por la razón ilustrada. “Demasiado histórica” es la posición desarrollada durante el siglo XIX por las filosofías de la historia y por las escuelas históricas. Si la ilustración ha sujetado las potencialidades del hombre a la razón, las escuelas históricas las han sujetado a lo dado, a los hechos pasados o presentes, que consuman el sentido de la historia toda. Las escuelas y las filosofías de la historia conciben el tiempo según una línea de continuidad; la literatura, en cambio, proyecta la acción desde los quiebres, desde los momentos de discontinuidad, desde las rupturas. Ésas son las líneas de fuga. En la literatura se trata de seguir estas líneas, que no son progresivas, sino quebradas, discontinuas. En este punto hay que aprender las enseñanzas del psicoanálisis, para el cual no interesan las racionalizaciones, la coherencia en las explicaciones, sino precisamente lo contrario: esos momentos sin sentido, los lapsus, los actos fallidos, los olvidos. Esas rupturas permiten pasar al otro lado, pensar de otro modo y vivir de otro modo, sentir de otro modo.
Ricardo Etchegaray
