


En los momentos de crisis histórica —se comprende fácilmente— es cuando este endiosamiento encuentra su clima propicio, de una parte; de otra, en los momentos de absolutismo declarado. Pero en este segundo caso, se trata de un proceso subyacente, consecuencia del absolutismo de la mente o voluntad. Mientras que en los momentos de crisis histórica, es el endiosamiento el que es causa del absolutismo. Por eso coexiste con diversas y aun contrarias ideologías. Es una enfermedad que se desata y, aun más que una enfermedad, una caída, un abismo que se abre en la historia, y que devora alucinadamente siglos enteros —toda una civilización por momentos— sumiéndola en una situación prehistórica, más bien infrahistórica [...]
[...] el que se endiosa lo hace a costa de otro o de otros, que se le ofrecen como víctima. O le ayudan en tácita complicidad para hacerlas. Sean su víctima o su instrumento. En todo caso se someten a ser cosa suya. [...]
¿De dónde la fascinación que tales «nadie», que tales «ninguno», ejercen sobre las masas, y lo que parece más extraño, sobre algunos individuos de las minorías? Pues sin sufrir una fuerte fascinación no se dejarían las gentes devorar. Muchas víctimas —es cierto— lo son por incapacidad total de huir de tan pavoroso destino. Pero hay víctimas voluntarias; los cómplices, los colaboradores, los que «prestan» dando más de lo que se les pide, inventado nuevos sacrificios. Es el punto en que la condición humana se hace abismática, se hunde en un abismo de no-ser, una especie de suicidio de la peor clase; suicidarse como persona, para seguir viviendo."
María Zambrano, Persona y democracia