sábado, 14 de abril de 2007

Visión. Rodin y Cattelan. Profetas de nuestra época

Hace algunos días pude contemplar lo absoluto. He visto la verdad plena. He visto la verdad hecha materia. Y todo gracias al arte, manifestación sensible de la idea, manifestación sensible de lo divino, diría Hegel, pero a diferencia de Hegel, en mi experiencia no vi al espíritu absoluto, sino al espíritu santo del Papa, y con él al destino de la humanidad. Todo gracias a la escultura, gracias a la visión sugerida por la escultura de Rodin y la de Cattelan.




"Rodin es el padre de toda nuestra escultura. Es por todos sabido que la escultura no es la misma desde hace poco más de cien años y todo se lo debemos a Rodin".

Eso juraba uno de mis maestros cuando iba en el último año de prepa, añadiendo algo más o menos así:

"es bien conocido que la ruptura que dio pie a la escultura contemporánea tiene sus inicios en Rodin, aunque no siempre sea algo que se vea claramente. Pero es innegable que la irrupción de Rodin en el mundo de la plástica vino a ofrecer un nuevo paradigma, la escultura se separa de la tradición plástica cifrada en la mimética ortodoxa de las Bellas Artes, por esto se puede decir que en gran medida Rodin liberó la escultura de los cánones absolutos de ciertos academicismos ramplones. Por eso en la escultura en el siglo XX tiene un auge peculiar la originalidad y excepcionalidad, ya no sólo de cada obra escultórica, sino que esta "absoluta autenticidad" se da con más énfasis en las técnicas y las concepciones estéticas que producen la escultura. Y si bien cierto que Rodin es el último clásico, es verdad que también es el primer moderno"

Esto es algo parecido a lo que juraba mi maestro. -al cual mantengo en el anonimato por protección, respeto y un extraño sentido de agradecimiento-. En el momento en que escuché lo que cite arriba no le dí tanta importancia, no sabía del extraño vínculo de ese discurso con el destino de mi vida y del de la humanidad.
Lo explicaré. Esa reflexión tiene especial imporancia porque vino de regreso a mi memoria hace algunos días, tal rememoración ocurrió justo en el momento en que revisaba una antología de arte contempoáneo que se limitaba exclusivamente al arte del naciente siglo XXI. La escultura que provocó el recuerdo del discurso sobre Rodin fue "La novena hora" de Cattelan. Y este acontecimiento alteró en sobremanerael destino de mi vida.
Quizá planteado así, aún no se vea tan nítido el porqué de mi asombro, que no se debía a la afeción suscitada por la sola la imagen manifiesta en la escultura, mi sorpresa fue también por el recuerdo del discurso sobre Rodin y la supuesta relación de éste con la escultura actual. Hasta ese instante, mi sorpresa se debía sólo a mis intereses filosóficos.
Por eso, en ese momento especulé algo más o menos así:

- Rodin es padre de Cattelan al igual que de toda la escultura contemporánea- y continué pensando: - ¿Pero...qué diablos tiene que ver "Las puertas del infierno" con "La novena hora"?

Le di vueltas al asunto y no pude dar con una respuesta que me sacara del estado thaumático en el que me encontraba. Seguía sin entender en qué medida Rodin es el padre de semejante obra de arte, que a mi juicio, hasta ese punto, no era sino arte efímero y desechable. Tratando de tender un puente que me explicara la relación Rodin-Cattelan, me dije para mis adentros:

"Si bien es cierto que ambas tienen temáticas "religiosas" y ambas responden a técnicas virtuosas e inovadoras.... más allá de eso, no veo nada en común. Mi maestro o está loco o no analiza bien este tipo de obras rirículas y absurdas, que más bien parecen un chiste local que una obra de arte en su cabalidad, bahh..pobre de mi maestro, aunque bueno, es un historiador a fin de cuentas".

Eso pensaba cuando viajaba en el metro, y como no pude dar con el meollo de la escultura moderna ese día regresé triste a casa. No podía encontrar vínculos entre Rodin y Cattelan, y estaba poniendo en duda la validez de mis escasos conocimientos sobre estética y sobre arte. Lo que hasta en ese momento no sabía era que mis dudas serían disipadas en un sueño. Sin embargo, la revelación de mi experiencia onírica tendría consecuencias más allá de lo que hubiera imaginado.
Del sueño recuerdo poco, pero al menos lo esencial permaneció en mi memoria, y por eso lo hago público en este escrito.
En el sueño yo me encontraba en "Las Islas" de CU, leyendo una novela de Clarice Lispector que no existe, de pronto se me apareció Juan Pablo II envuelto en un halo de luz cálida y me dijo:

-"Hijo, no temas del sentimiento que la contemplación de "La novena hora" te ha causado, esa incertidumbre no podía llegar a su fin por medio de tu pobre y humana razón, no importa si eres filósofo, necesitas de mí y de Dios para disipar tus dudas."

Mientras escuchaba eso, aún en mis sueños, estaba anonadado por la sóla idea de estar hablando con el difunto Papa, al grado que me costaba enorme esfuerzo concentrarme en sus santas palabras, mientras tanto él continuaba hablando:

"Rodin y Cattelan son dos feligreses poseídos por la iluminación de Nuestro Padre, no pongas en duda lo que te quieren decir. Mira a través de "Las puertas del Infierno" y comprenderás "La novena hora", así que no temas más y ten fe. No tengas rencor hacia Cattelan, yo no he sido ofendido en su obra. Además, esa relación entre Rodin y Cattelan, que sí existe, le dará sentido a tu vida y al mundo también. No lo olvides hijo. No lo olvides."

Eso fue lo que Juan Pablo II me dijo entre sueños, eso entre otras cosas relacionadas con la filosofía de San Agustín y la de Nietzsche en las que por ahora no entraré en detalles.
Cuando acabó la conversación, desperté alterado, pero de inmediato supe qué es lo que tenía que hacer. Publicar la verdad que equipara la obra de Rodin a la de Cattelan. Hela aquí:

La escultura es el arte que retiene en sí mismo la verdad divina, y la manifiesta materialmente, de entre todas las demás artes la escultura es la que revela la verdad más verdadera. La verdad de las esculturas de Rodin y Cattelan es divina, incuestionable, y a diferencia de otras esculturas, de otros momentos históricos, esta verdad tiene que ver con la problemática propia del arte del siglo XX, XXI y su ateísmo constitutivo. Por ello hay que ver en Rodin y en Cattelan a dos profetas más que a dos escultores. Para entender sus obras es necesario complementarlas. Y lo que Rodin y Cattelan expresan es el inminente peligro de ir al Infierno por matar al Papa con un proyectil. Así que ya saben. La verdad que expresa la escultura desde Rodin hasta Cattelan podría reducirse a decir lo siguiente:

"Nunca maten al Papa con un meteorito o Las puertas del Infierno se abriran para guiarlos a su destino."



("Las puertas del Infierno", Rodin)


("La novena hora", Cattelan)



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