viernes, 17 de agosto de 2007

¿Intentaron detener acaso?


¿Intentaron detener acaso,
por una vez siquiera,
la muerte de la vida
los hechiceros y los contrabandistas,
los alcohólicos públicos y unánimes,
la sociedad protectora de neuróticos y querubines,
los legisladores, los revendedores de indulgencias,
los que mordieron y mamaron de su hermano,
los que instruyeron el horror y el pánico fecundos,
los electos traidores y estafadores de las naciones,
los profetisos, los consumidores de alunizajes,
los excelentísimos embriagadores, el señor reincidente?
¿Hicieron algo por impedir la muerte horrenda de la vida
todos los canasteros de los frutos del odio,
la tribu de la ganancia y la rapiña,
la raza de las pezuñas de platino,
los lambebotas, las cartomancias oficiales,
las diáfanas criaturas del choubísness, su ancianidad el papa,
los opulentos cadáveresy los petrificados,
los jornaleros de la chatarra, los terroristas, los secretarios,
o los que sostenían aún su banderita en alto,
los que comerciaban con las heridas de la patria
y la seguían padroteando,
los revolucionarios
y los que crín que hacían revoluciones,
los acusadores y los excusados,
los exiliados y los exiliadores,
los lobos del desamor, los comunistas, los protestontos,
los acostólicos, los lanzadores de cohetes,
los que esperaban la llegada de los mormochos de los
últimos días los incediarios y los limpios de toda culpa,
los estranguladores de gorriones
los oportunistas, las locas y los augures de la televisión?

El demagogo equilibrista,
el Organismo deliberadamente inhábil,
las juntas, los congresos, los frentes, los comités, las ligas:
¿Impidió alguien la muerte de la vida?
y ¿qué hicieron entonces los bebedores de diamantes,
o los pobres y su copiosa larva,
los prestamistas y la boñiga sindical,
los invertebrados funcionarios y el jet set intercontinental,
los que estuvieron sentados a la diestra del crimen,
los sencillos y los obedientes,
los que lloraban, los que tenían una canción, los grandes lamas, los gurú, los ayatolas,
los presidiarios, los corruptos y los iluminados,
las señoras treinta veces paridas,
los clarividentes y los torpes,
los reseñistas de pantaletas y preservativos,
y los ejércitos de salvación y puños resplandecientes,
los dictadores y los asesinos de los dictadores,
los guerrilleros, los que sabían mirar y hablar,
y aquellos que quisieron descubrir el origen de todo
precipicio,
los mercaderes de la destrucció
los detonadores de bombas,
los traficantes de incredulidad,
y los pastores de culebras,
los cancerosas de las rotativas, los amarentistas,
los estectrales cabareteros del amanecer,
y los dueños del trono y de los dados,
los santificados y los santos,
los comesales del arte y la miseria,
y los calculadores indiferentes,
los atareados de las microondas, de los satélites
y los lábaros patrios,
y los hijos de puta y los políticos de la desilusión,
¿alguno de ellos?



[otro más de Abigael Bohórquez]

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