
Es curioso, pero creo que esa última plática me ha dado el impulso que me hacía falta. Eso y la maravillosa semana que he tenido. Es cierto, en contraste con la semana anterior, esta semana se parece más a lo que espero de este año.
[Para mí, los años se ordenan mucho más en relación con mi cumpleaños o con el otoño que con el fin o inicio del calendario; incluso el calendario escolar marca más los ciclos en los que me muevo que la diferencia diciembre/enero]

Y a qué viene todo esto. Pues bien. De lo que ha de venir, no quiero que sea ni la mera avidez de novedades (la cifra estaba ya muy grosera según Leo y Sebastián) ni el puro aislamiento total. Sé bien que no quiero ni una ni otra cosa. Se me antoja más la serenidad y el vértigo edulcorado pero sin que sea movido por la angustia. La serenidad y la posibilidad de ganarme un nuevo espacio desde el cual hacerme de otras prácticas, de otros modos de darme en el mundo, eso es lo que se abre en mi ser ante el mundo. ¿Contra el mundo? No. Con el mundo. En él. Suena más cursi que un diálogo de Scarlett Johansson en Lost in translation, pero así es: hablo de la volatilidad de una revolución molecular que me/nos abisma en otras sensaciones. La sesión de hoy me dijo/dejó algo muy claro: lo que busco es "algo otro". Y creo que en la plática que tuve contigo el día de la cineteca eso salió a colación –en realidad tú me lo habías dicho–: "no sabes lo que quieres". Es cierto. Pero ahora lo veo con mayor alegría. Ese no saber es mi punto de partida; parte fundamental de mi línea de fuga. La inicial de mi nuevo escrito es ese desplazamiento del punto a la equis. (Nietzsche dixit) El horizonte ha desaparecido. Caemos en una nada infinita. Nos desplazamos del centro a la X. [Siempre Nietzsche]
El punto me queda claro: it´s over. [But it´s not takin´ me over (Portishead reversal). De algún modo, también, siempre Portishead] Suena raro, pero tal vez ya llegué a ese punto. De la ruptura ya va casi medio año, un par de semanas y ya estamos allí. Y es que claro, esa era la idea en el último post. Alcanzar la no-vuelta. El no-regreso. La huída de Kafka. Y la mía. Y la de todos: Huír, pero mientras se huye encontrar un arma. Donde crece el peligro, crece también lo que salva.
Esta semana el final me ha hecho frente de las maneras más joviales. Toda mi estancia en Xalapa fue intempestiva y mi regreso parece llevar ese sello: "X, soy mutie..."

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