Del intempestivo fin de semana que me acabo de llevar, me quedo con lo que más me ha impresionado: una frase que mencionó mi querida Alejandra Gudiño en la cena que tuvimos el viernes pasado. Ale nos dijo que Roberto (Sanz Bustillo) tenía esta tesis sobre el amor: el amor es un milagro. Tiene todo contra su aparición y, sin embargo, cuando acontece, acontece y mueve el mundo. Al parecer, se me ocurre, no hay nada que se pueda hacer para producirlo de manera certera. Uno puede re-producir lo que esté a la mano para rehacer las circunstancias en las que previamente se ha dado, uno puede conseguir que todo esté listo, pero a pesar de invocarlo con todas estas fuerzas en movimiento, puede no aparecer, es un mesías, y tal vez en ello reside el doble carácter fascinador que lo sustenta: por un lado, siempre es un afuera pleno de luminosidad y generosidad, está más allá de nuestro control pero en él reside la potencia de alegrárnoslo todo; por el otro, es un imposible, un improbable absoluto, la más fatal de las promesas dadas.
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